Carceles

Vancouver

 

 

Siento los días caer, en una analogía inconfundible, como una vareta que cae, luego de la otra y de la otra, en el tejido al crochet en las manos de una mujer anciana.

—Oh abuela que teje mi destino, pitonisa de este conjunto de azares, dime, pues, qué cuento leer por las noches para no caer en tenebrosos pensamientos.

Dime a qué santo rezar en busca de piedad, en esta sopa de preguntas sin respuestas, en esta comedia sin aplausos.
Dime qué diferencia a los artistas encerrados en hospitales y manicomios de los que andan sueltos escondiendo el alma por terror a que los encierren cuando sepan su verdad.

—Hijo del telar, no temas al pensamiento oscuro, pues cada vareta que cae es parte del manto que te cubre. Lee los cuentos que nacen de tu pecho, reza al santo que te hable por las noches; él tiene tu propia voz. Confíale todo, pues él es tu Dios, aliméntalo con buenos pensamientos.

Mas no temas al encierro de una celda; aprende a mirar más de lejos, o más de adentro. Que es muy probable, existan cárceles más grandes de las cuales escapar.

  • Autor: Vancouver (Online Online)
  • Publicado: 26 de noviembre de 2025 a las 23:02
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1
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