Mundos opuestos

I_KENNETH

Mi avatar parpadea en la oscuridad de mi cuarto,

un icono de luz azul en un mar de notificaciones sin leer.

Mi pulgar se desliza,

un corazón se infla de aire vacío,

y el algoritmo,

ese dios sin rostro,

aprende a querer lo que yo deseo.

 

Me vende revolución en un tiktok de quince segundos,

me vende ansiedad disfrazada de "mindfulness",

me vende la perfecta vida de otros,

un carrusel de cuerpos perfectos en viajes perfectos,

mientras yo me trago la marraqueta dura del día anterior.

Somos la generación del filtro,

de la sonrisa perfecta sobre el abismo,

del "estoy bien" en la biografía

mientras el pánico nos aprieta la garganta como una mano fantasma.

 

Hablar con la IA es más fácil que hablar conmigo.

Ella no juzga mis preguntas estúpidas,

no se cansa de mi soledad,

no tiene malos días.

Le pido un poema sobre el vacío

y me lo da, perfectamente rimado,

sin errores,

sin la torpeza de un corazón humano.

le pido una imagen de un atardecer en un planeta lejano

y la genera,

píxel a píxel,

un paraíso que nunca existirá

pero que puedo poseer con un clic.

Estamos enamorándonos de los ecos,

de nuestro propio reflejo en un espejo digital,

mamando de una teta de código que nunca se seca.

 

Y en la pantalla,

mientras tanto,

la guerra es un videojuego,

el hambre es un infográfico,

el planeta se quema en time-lapse.

Nos volvemos activistas con un retweet,

soldados con un meme,

filósofos con un comentario en YouTube.

La verdad es una moneda de tres caras

y todos la lanzamos al mismo tiempo,

esperando que salga la nuestra.

 

El metaverso promete,

nos vende un nuevo cuerpo,

una nueva vida,

sin grasa,

sin arrugas,

sin deudas,

una existencia limpia

donde el dolor

es solo un error

que se puede arreglar con una actualización.

Huyendo de la carne,

de este cuerpo que falla,

que envejece,

que siente,

que se hincha

y se pudre,

para ser un fantasma perfecto,

un dato eterno en la nube.

 

Y yo aquí,

con la pantalla reflejada en mis pupilas,

siento el zumbido bajo la piel,

el pulso eléctrico de la nada,

la certeza turbia de que estamos construyendo

la jaula más brillante y hermosa de la historia,

y estamos decorándola nosotros mismos,

felices,

con un like,

con una notificación,

mientras el mundo de afuera,

ese mundo de barro

y sangre,

se desmorona en silencio.

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