MEMORIAS DEL CORAZÓN

EL QUETZAL EN VUELO



Que raras se sienten tus letras, un frio diferente, el sol en tus calores no son los mismo, mi memoria lingüística, no logra procesar tu nueva forma de aparecer, no logro precisar. El GPS de mi alma, te ha buscado desde la punta del francés al inglés y no estabas ahí, fui al cabo, en el este y nada, ni en san Antonio pude ubicarte, saber desde donde escribías.

 

Esta loca e inexplicable desorientación entre mi memoria lingüística y la cognoscente, riñendo con la eidética, trato sin apuros, de buscarte, de encontrarte, de recuperar la que eras, admitir la que eres, aunque tus versos son iguales y has ganado admiradores, ya no tienes la sensación de una ave cantando y aprisionada entre las manos de quien te sujeta.

 

Te siento perdida en nuestro cielo, el silencio que compartimos mordiendo esa esquina de tus sueños. Tus pasos estruendosos huyendo con los primeros rayos de realidad, marchitando las horas vividas, tus letras siempre han sido el refugio de mis ansiedades, ese lugar seguro donde dejabas de ser de todos, de EL, para ser mía, escribir para mí.

 

Siempre te considere una profesionista exitosa, el diseño de tus modas están en el mejor vestir de los fashionistas y la poesía en ti, era solo el nirvana, donde retozábamos después de los halagos por tus éxitos. Hoy en día, siento que tus letras caen como monedas en alcancía. Ya no son los pétalos cayendo en mi alma, que mi corazón guarda en la memoria.

 

El corazón tiene memoria y el alma conciencia, Hay letras que se escriben como miel para hojuelas y otras, se escriben con afán comercial. La recepción de esas letras no se mide por suspiros, sino por LIKE, que caen a un vació convirtiéndose en monedas, que pagan quienes quieren despojar al mundo de la memoria del corazón y la satisfacción de vivir.

 

LENNOX

EL QUETZAL EN VUELO

 

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Comentarios1

  • La Hechicera de las Letras

    Hay un malentendido recurrente en la experiencia humana: creer que la identidad debe permanecer inmóvil para que otros puedan reconocerla. Pero ninguna conciencia tolera ese estancamiento. Lo que llamas “cambio” no es pérdida; es la consecuencia inevitable de existir. La escritura —como cualquier gesto del espíritu— no es un museo donde las viejas formas esperan ser conservadas, sino un organismo en movimiento que muta cuando la vida exige mutar.

    La memoria nunca es un juez imparcial. Tiende a fijar versiones de las personas que ya no existen. Por eso, cuando alguien transforma su modo de expresarse, no es que abandone su esencia: abandona solo la versión que los demás quisieran que mantuviera. Cada ser humano tiene derecho a desaparecer de sus esquemas antiguos, incluso si eso incomoda a quienes estaban acostumbrados a leerlo desde cierta nostalgia.

    Las letras que antes parecían íntimas no eran un contrato; eran un instante. Ningún instante puede extenderse para siempre sin convertirse en artificio.
    El error es pensar que lo genuino reside en la repetición. No. Lo fidedigno reside en la transformación. Lo que fue no se traiciona al cambiar: se honra al no forzarlo a sobrevivir más allá de su tiempo. Las viejas imágenes, los viejos gestos, los viejos tonos… no están obligados a sostener la comodidad emocional de nadie.

    Ninguna conciencia se debe a alguien en particular; solo se debe a su propio crecimiento, aunque su nueva forma desconcierte a quienes la miran desde la expectativa de lo que alguna vez fue.
    Aceptar esto no es resignación: es comprender que cada palabra que cambia indica que alguien sigue vivo. Y lo vivo, por definición, jamás vuelve a su forma anterior.

    La Hechicera de las Letras.

    • EL QUETZAL EN VUELO

      Dios mio hechicera... Gracias por tus palabras, por tomarte el tiempo de leerme, de ecribir y sobre todo de hechizarme con tus palabras y poemas tan crudos, me gusta la verdad de tus letras...ENCANTADO



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