otros dos..

FRANCISCO CARRILLO

TRONCOS SIN VIDA

 

No amargará tu hiel, en mi boca

ni la carne que has cedido a tu verdugo

entre troncos de cortezas, sin memoria

no han de ver mis ojos pena o gloria

de los cortes, las heridas por el yugo.

 

Entre estiércol resecado por el tiempo

y las manos de alfarero temblorosas,

los botijos en tu horno retorcieron

ese barro que amasaste con deshonras

y el olor, al perfume de tu cuello.

 

Y me mientes, y levantas las cortezas

de los troncos que olvidaron estar verdes

y entre huesos de caricias, se retuercen,

por la mano de la vida que los secan

porque viven de mentiras, y no sienten.

 

Aunque el tiempo no me diera de tus manos

el calor que tanto ansiaba, el tenerte

destrocé cortezas viejas de tu árbol

de ese tronco, que por vida dio la muerte

convirtiendo nuestro amor, en algo inerte.

 

Y retoño como el árbol que es talado

entre golpes de las hachas sin medida

y en mi carne dolorida, sabia sangro

entre troncos que olvidaron tener vida

y cortezas de un amor, que se ha acabado.

 

 

TE LLAMÉ..

 

¿Dónde estás cariño mío?

que mi voz se queda el aire

dónde fuiste, que al buscarte

solo encontré mi delirio.

 

Te llamé, entre silencios

lo hice callado y a gritos

¿ dónde estabas amor mío?

si busqué por encontrarte.

 

Si te quiero, si no olvido

y tu ausencia de mi ser

forma esa parte,

que a pesar de tu distancia..

sigo vivo.

 

Tanto te quise.. tanto decirlo

que olvide entre mis llantos ese nombre

pero hoy que me acordé, de nuevo insisto

y te llamo esperando por si oyes.

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Comentarios +

Comentarios2

  • Silvana Ibáñez


    El del tronco me ha encantado.
    Preciosos. Felicidades!!

  • JUSTO ALDÚ

    Ambos poemas laten como dos llamas hermanas: uno arde en el reproche lúcido y el otro en la evocación dolida, y juntos componen un díptico de pérdida y renacimiento. En “Troncos sin vida”, la voz poética explora un amor que se pudre desde la raíz; las metáforas arbóreas —cortezas, troncos, barro, hachas— construyen un paisaje áspero donde la traición reseca hasta la memoria. Pero, en medio del desgarro, surge el brote: el hablante se rehace, sangra sabia, vuelve a erguirse.

    En “Te llamé”, el tono cambia hacia una plegaria íntima, un eco que busca lo irrecuperable. El poema avanza entre silencios, gritos y susurros, revelando cómo la ausencia persiste como un segundo corazón que duele y sostiene. Juntos, los dos textos trazan el arco completo de un duelo afectivo: la caída del árbol y la voz que, incluso entre ruinas, continúa llamando hacia la luz perdida.

    Saludos

    • FRANCISCO CARRILLO

      Siempre es un placer tu paso y comentario. Gracias Justo



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