​Lo que mi silencio callaba

Emma Gissel Gandara

​Te perdoné. Decidí amarte sobre las ruinas,

juntando con mis manos los pedazos del ayer,

¿y hoy te atreves a juzgar las cicatrices

que tú mismo te encargaste de ceder?

​Tildas de "sin sentido" mi miedo y mis recelos,

me llamas dramática con tu ego sin disfraz;

condenas la tormenta que causaron tus desvelos,

ignorando que fui yo quien tuvo que pagar la paz.

​Dices que solo busco el roce de tu piel,

cuando en verdad mendigaba una certeza:

sentir en la frialdad de tu mano infiel

si aún me deseabas... o solo era tristeza.

​Me viste vestirme buscando tu mirada,

imitando a aquellas que te hacían suspirar,

y mientras tu deseo por otras no callaba,

a mí me degradaste por querer te gustar.

​Me señalas como agresiva cuando al fin alzo la voz,

pero omites los meses que me ahogué en el silencio,

cuando tragué mis lágrimas en el rincón más voraz

para no romper la ilusión de lo que tanto precio.

​Pero el tiempo pasó... y el desengaño educa.

La hipocresía dulce de tus besos ya no mueve mi ser;

perdiste el trono en el centro de mi vida,

y tu rabia no es mi culpa: es tu incapacidad de ver.

​Hablas mal de mí para limpiar tu condena,

porque ya no me quiebras, porque aprendí a volar.

Hoy el mundo sabrá lo que aguanté en mi pena...

y que tu peor castigo es que no te vuelvo a amar.

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