Albin Lainez

ya despierta

Abre el día y estás tan blanca, tan quieta,

como estancada en sueños,

que asumo tu supuesta partida.

El alba dora ya las puertas

de la memoria, su música

es elocuente clamor: trinos,

motores, lúdicas historias.

Y vos pensás que son campanas

de los templos vacíos llamando

a liturgias de nada. Aunque,

en verdad, son ecos

de recuerdos dormidos.

Vives. Te lo digo, pues

estoy viéndote correr

detrás del lienzo frágil

creado por espejos de azar.

Allí afuera, con grácil puesta,

el teatro verdad inicia su rito.

Sé que ante el todo igual

uno pretende huir, tal vez

visitar el país de los enajenados...

Pero, alma mía

no pretendas

dejar de latir. Es demasiada utopía,

ahora que sobre los tablados abre

un fantástico amanecer.

 

ARLANE



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