Retumbó
con las horas de cómplice,
se aportiguaron en mi puerta,
y desde dentro quise
no hacer saber,
las alarmas eran engaños
que aliviaban a todos
y no a mí.
Esa angustia del cielo
tan solemne,
tan oculta,
padeció entre la algarabía
del festival,
la oportunidad puente,
pero no fue real.
Un destello,
tosiéndote encima,
no ha derretido el hielo,
no hay vida viva.
Hay vidas que no son vivas,
vidas que insisten,
vidas que sólo sobreviven.
Las fachadas se quedaron sin ventanas,
ya no asoman voces,
ni siquiera la ilusión de una vela encendida.
El pulso se repite como reloj oxidado,
una máquina que todavía anda
pero no recuerda hacia dónde.
Ni los nombres que un día brillaron
sirven ahora de faro:
se apagaron igual que todo lo demás.
Quise sostener el filo de unos ojos,
prometían corte limpio,
un puente hacia lo claro,
pero se quebraron en el intento
y dejaron las manos ardiendo.
Tus ojos guardaban vetas
que nadie buscó,
no porque faltara brillo,
sino porque la vida se olvida
de mirar profundo.
Allí estaba lo intacto,
lo que no se oxida,
lo que resiste aunque todo
se desgaste alrededor.
Hubo un desvío
y allí quedó vivido,
apuntando a una pampa
que quizá no vuelva a ser
lo que era ayer.
-
Autor:
MonoFloyd (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 29 de agosto de 2025 a las 06:55
- Comentario del autor sobre el poema: No se lo que viene, pero no puedo evitar querer lo que viene.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.