A MIGUEL HERNÁNDEZ ( II)

liocardo



 

 

 

 

 

 

 

«...pobrecitos, creían que libertad
era tan solo una palabra aguda,
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.
Olvidaban poner el acento en el hombre.»


(M. Benedetti)





Te trasladaron del 27 al 36;
aunque cualquier calabozo es igual de lúgubre.
Aquí volvemos a encontrarnos:
en la única conciencia que nunca hemos abandonado,
y mientras todo simula evolución en su imagen,
el contenido, viejo, no varía.

También ahora, la metodología del castigo
con el que controlar las pautas de conducta
la redactan, cómo no, los insulsos oligarcas,
y la revisan en su honor los excelsos académicos.
Pero el verbo “interpretar” sigue manteniendo
esa unívoca acepción:
El albedrío de dar razón de lo dictado
conforme plazca al poderoso en sus intereses.
Esa fue siempre su intrincada etimología;
ya sabés.

Será acaso por encubrir su tétrica fachada,
su fama deshonesta,
que se aprestan a enseñar al analfabeto
a que escriba solo su nombre.
Si no es, quizás, por una cuestión práctica:
para que rubrique de su propio puño y letra
los prontuarios en donde manda a que se le aplique
la privación de sus libertades,
sin que nunca alcance a descifrar los fundamentos soterrados
en una verborrea supeditada
al intríngulis metamorfósico de la jerga erudita de los leguleyos.

Ya de paso, o mejor dicho, de permanencia,
a su vez aprende algo de los cálculos
y practica, concienzudo, cabalísticas proporcionalidades
cuyos resultados subraya ilusionado
en los correspondientes casilleros de un caduco calendario.
Pero a golpe de contradicciones
logra asumir el concepto de que las matemáticas
tampoco son una ciencia exacta.

Sin embargo, ya viste cómo acá,
en plena era de la tecnología,
en uno de sus tantos arranques anacrónicos,
te arrebatan de las manos un vetusto “pentium II”
y lo achacan a un asunto de prevalencia de seguridad.
¿Cuánto faltará, compañero, para que nos veten la posesión de un lápiz
declarándolo un potencial artilugio punzante?.

La tortura, por su parte, ya se ha vuelto más aséptica:
ya no hay golpe sin guantes ni paliza con hematomas.
Podés, por ejemplo, morir de rabia; pero nunca desangrado.
Podés por ejemplo morir de hastío; pero nunca de inanición.
Podés, por ejemplo, morir indignado; pero nunca dignamente.
Porque se reservaron el derecho de infringirnos el padecimiento
al menos, hasta el último instante en el que les pertenezcamos.

La de veces que nos habrán tirado desnudos
sobre un gélido camastro de chapa horadada
en una recóndita celda de aislamiento
con las muñecas en carne viva engrilletadas
a las patas de hierro inerte;
o que habrán jugado con nuestros cuellos
al necrótico simulacro de la horca;
o que habrán pisoteado aquella flor,
espontánea representante de vida;
o que se habrán mofado satisfechos
de nuestros causales sufrimientos...

¿Sabés cómo lo llaman?
Medidas coercitivas.
¡Já! ¿te reís?
Es que sos un irónico incorregible.

¿No alcanzaremos a entender al sabio profeta malogrado
cuando predicó que lo que a los demás hagáis
a mí mismo me lo estaréis haciendo?.

Y a vos te quieren emplazar
como memoria de un pretérito imperfecto,
en tanto que yo te invoco para que me instruyás
en las formas de componer
una versión actual de la nana de las cebollas:
es porque, a lo peor, los futuros artistas de los inmaculados rebaños
andan ya en la búsqueda del idóneo candidato
para renovado modelo de una pétrea estatua ecuestre
o del rostro que estampar en la raída blusa de algún mitómano.

Hasta tal punto se ha devaluado la palabra
que le han puesto precio a nuestras cabezas.
Fijáte cómo acá el verso se cotiza a 0'7
siempre que cumplás el cupo de arrestarte en los doscientos.
Pero como en cualquier concurso que se desprecie,
en éste también hay primos, segundos, tercios y derrotados.

Así está todo: vicio y circo.
Ya le dije, camarada, no varía.

Los sindicatos de trabajadores reclaman más carceleros.
Los ciudadanos, timoratos, requieren más policía.
Los burgueses (¿te extrañás?), que le aumenten el salario.
Los acaudalados, previsores, trasladando su fortuna al paraíso,
que es lo mismo que decir, que arrastrando sus miserias por la tierra.

No creerás que me he olvidado del destino de los olvidados
que desde el inmemorial principio sólo aspiran a que afloje
el peso de la losa que reposa sobre sus apisonadas seseras.

Y
La Pepa ha sido vista
rondando cochambrosas esquinas
entregándose impúdica al mejor impostor.








CABO

En cambio ya mi una no está sola
porque sumándote a vos se sienten dos,
y atrayendo a los demás seríamos tantos
que no cabríamos en esa esfera limitada,
sempiterna tentación para infructuosas teorías.

Chau, viejo. Nomás, acá o allá, nos estamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Autor: liocardo (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de agosto de 2025 a las 06:44
  • Comentario del autor sobre el poema: Esta es una carta Escrita a miguel Herández desde la perspectiva de Mario Benedetti basándome en sus obras: el poema magistral “hombre preso que mira a sus hijos” y la maravillosa novela (sí, para quien no lo sepa, Mario era también un narrador excelente) “primavera con una esquina rota”. Fue presentada a un certamen/concurso poético en homenaje al Poeta de Orihuela. A ver si entiende esta gentuza (que hoy son los mismos que ayer y mañana serán lo mismo) que los artistas no estamos para blanquear el pasado macabro de los estados represores (estado-represor… una redundancia). Por supuesto no me respondieron ni un por ahí te pudras; tampoco lo esperaba. Empieza con lo del traslado: Miguel era pastor autodidacta. Cuando fue dado a conocer por su amigo Ramón Sijé en los círculos madrileños (la generación del 27) los académicos: (sí, Dalí, Cernuda, Alberti, etc, eran clasistas ) lo despreciaban por no pertenecer a las élites. Incluso hoy en día, la academia le ha negado pertenecer a esa generación y lo encasillaron en el 36, a pesar de haber sido contemporáneo de los otros. Siguen siendo clasistas. Lo del verso que se cotiza a 0,7 hace referencia al primer premio propuesto por los promotores del certamen con un límite máximo de 200 versos. El resto, creo que no necesita explicación.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 5
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