Escribo con la pasión de encontrar las llaves que puedan posicionar mi corazón, que late por sueños que un día se postergaron, en una anónima esperanza creada en la marginalidad: allí donde la vida se pone a prueba en cada segundo.
Al principio, creí tener estrellas que me iluminaban, más allá del firmamento; creí seguirlas, pero quedaron suspendidas en una fotografía, y el tiempo las extravió con desidia...
Ellas eran mi ambición, porque sentí que alguna vez podría desnudar la realidad y dejar en el aire una dialéctica de silencios.
Mi corazón creció aislado de los ruidos oníricos, esos que se balancean entre los sueños y la realidad, exponiéndome a los verdaderos signos, donde mi semiótica va royendo los días con desparpajo, y sumiendo lo que escribo en una neblina fría y solitaria.
Desde hace algún tiempo, intento cultivar mi voz en las teclas de mi ordenador. Son señales, que en clave, están dando sentido a frases que se separan y se unen sin mayor control.
Es el ejercicio de aparear mi mente con mi corazón.
Ahí descubro que hay un universo interno, inmenso, sin barreras, imaginario e insondable… y no sé si son mis manos o es el sonido de las letras lo que va dejando una huella, que entra en mi ser y se convierte en algo descontrolado: versos que hablan en claves; frases que no terminan de escribirse…
Sentado en la novena tecla de mí existir, voy quemando unos días extraños, que laten fuera de mí, y que dejan huérfanas las metáforas de una poesía escrita de lado…
Una poesía que hace que mis capas cerebrales intensifiquen una angustia que habita en mí.
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Autor:
edgardo vilches (
Offline)
- Publicado: 28 de agosto de 2025 a las 12:43
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
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