Son piezas faltantes
de un sistema que no escucha,
que en vez de mirarlos,
los minimiza.
Aquí amanece para todos,
pero la suerte es distante,
como si el sol supiera
dónde no calentar.
La carencia se viste de gala
en cada esquina,
tropezando con la desesperanza
de los que ya están cansados de luchar.
Viven mirando el futuro incierto
como una moneda al aire,
una balanza rota
donde los sueños
ya no encuentran equilibrio.
Allí vive la madre sin esposo,
la que carga el mundo
sobre sus hombros rotos,
la que multiplica el pan sin milagros,
solo con amor,
mientras sus hijos duermen
con hambre y esperanza.
En esa tierra del olvido,
camina el hombre de campo,
con la mirada al cielo,
porque aunque los hombres callan,
Dios aún le mira.
El niño sin escuela
pisa más polvo que futuro,
y su alma ya sueña
con lo que no conoce:
una vida digna,
una promesa cumplida,
un cuaderno nuevo.
El hombre enfermo
sale sin fuerzas,
pero con la necesidad como motor.
Sabe que no puede parar,
porque en su casa
el hambre no entiende
de diagnósticos.
Más allá de los muros
de la desigualdad,
viven jóvenes con alma de niños
que no pudieron jugar,
porque el sistema roto
les robó la infancia
y les negó el derecho
de cruzar hacia la libertad.
Y así siguen los días,
cargados de negligencia,
rompiendo el alma,
callando las voces
que también tienen voto,
que también merecen vida,
que también son patria.
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Autor:
Poemas De Una Mente Joven. (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 28 de agosto de 2025 a las 06:50
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z.
Comentarios1
porque aunque los hombres callan,
Dios aún le mira.
Hola poeta...
Muy buenas letras como nos tienes acostumbrados.
Gracias, un abrazo y que tengas un excelente día!
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