Granos de una madre

I. Kurobane

En el jardín de la memoria,

una madre busca a su hija,

entre flores de silencio,

y árboles de olvido.

 

La luna, un espejo roto,

refleja la ausencia,

un río de lágrimas,

que fluye sin orillas.

 

En el departamento vacío,

Mangata recalentaba,

el arroz que quedó,

de la última cena.

 

Un grano se escapó,

y cayó en el suelo,

donde germinó la esperanza,

de un reencuentro.

 

Pero la hija no volvió,

y la madre se quedó,

con el eco de su voz,

y el vacío en su alma.

 

La conexión se perdió,

entre la madre y la hija,

pero el arroz quedó,

como símbolo de su amor.

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