El Anticristo no llega como trueno ni con un ejército de demonios. Camina despacio entre nosotros, disfrazado de prisa, de pantallas que ciegan, de voces que nunca callan. El hoy es su templo: un mercado ruidoso donde se vende la fe como mercancía y se compra la mentira con monedas de ansiedad.
No porta cuernos ni fuego en los ojos; porta contratos, ilusiones baratas y promesas que nunca se cumplen. Nos persuade a dudar de todo, incluso de lo sagrado, y nos enseña a adorar lo efímero, lo brillante, lo vacío. El Anticristo del hoy se sienta en la mesa familiar disfrazado de silencio, se mete en la cama como insomnio y vigila nuestros sueños a través de la pantalla luminosa del celular.
La maldad ya no es grito, es susurro. No exige sacrificios en altares de piedra, nos pide simplemente que olvidemos quiénes somos. Y cada vez que callamos la conciencia, cada vez que decimos lo que no sentimos y sentimos lo que no decimos, le construimos una catedral invisible en medio de la ciudad.
El Anticristo no está por venir; ya respira en el aire. El hoy es su reino. El mañana, si no despertamos, será su eternidad.
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Autor:
Fiorenzo (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 27 de agosto de 2025 a las 11:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: ElidethAbreu, Mauro Enrique Lopez Z.
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