A UN CÁNDIDO ASPIRANTE

El Corbán



No entregues tu cerviz por una silla,

ni beses el anillo del patán,

que el hombre que se arrastra por la orilla

jamás sabrá lo dulce del volcán.

 

Hay círculos que huelen a sepulcro

aunque sus copas brillen como el sol,

y el precio de pertenecer al pulcro

es ser esclavo mudo del farol.

 

La lealtad, mi buen neófito de espejos,

no es dogma ni mordaza ni cilicio;

si el alma ha de pagar por los reflejos,

mejor romper el vidrio y el artificio.

 

Aprende del Altísimo, que al mando

del cosmos no se humilla por ornato;

se inclina por amor, jamás temiendo,

y al servir no se vuelve subordinado.

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