DESPERTAR

Deivid Villarreal

Sísifo ya no quiso 
mover la enorme roca. 
Un día simplemente dejó de 
empujar, y el Tártaro se detuvo. 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.