Acá estoy

Lucy Quaglia

Me acuerdo cuando el verano
era caliente sin miedo,
no había bosques cercanos
en la ciudad que recuerdo.
 
Las casas hechas de cal,
de cemento y de ladrillo,
resistían a las llamas
la mayoría del tiempo.
 
No nos preocupaba el fuego
que si alguien lo empezaba
era fácil apagarlo
sin perturbar los vecinos
que vivían no muy lejos
sin causar un gran incendio.
 
Y después del incidente
que hubiera quemado algo,
se pintaba la pared
que quedaba toda gris
con cenizas pasajeras
de comida cocinada
con demasiado freir.
 
Ahora en este verano
desde acá en Canadá
los fuegos son peligrosos
porque tenemos las plantas
cerca de las casas hechas
con madera y con papel.
 
La vida de cada día
se aprecia mucho mejor
cuando una es cuidadosa
de lo que hace el calor.
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