En la montaña brilla un blanco luto,
la huallata bebe el viento de la ausencia.
No canta, no, su pluma es resistencia
contra la noche que le roba el fruto.
Murió su amor, y ahora el tiempo astuto
le enseña que el dolor no tiene ciencia;
solo la lluvia le cuenta con frecuencia
el vuelo que en sus ojos quedó enjuto.
Yo miro en ella mi propio destierro:
el amor que se fue dejó su estrella
clavada en el pecho como encierro.
Mas no es la muerte fin de la centella:
el alma que la amó será tu tierra,
y en su raíz profunda, nuestro entierro
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Autor:
Marcos (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 29 de abril de 2025 a las 14:06
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 0
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