Deseos... Perdón

Jhetse

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¿Qué habrá de sano en lo humano,
que pasa de malo a bueno
y pone piedad al mundo
tan solo después de muerto?

Es relativo un valor
y relativo un derecho,
relativa es la promesa
que propone acción y gesto
y se cambia o abandona 
según sentido del viento,
como ese amor que aparece
con presunción de guerrero,
y se queda en la jactancia
de un amor de fariseo.

La compostura malsana
adorna frágiles templos
donde cantan las figuras
que llaman al canto rezo,
y atan a sus marionetas
con finas cuerdas de acero
que se anudan en sus manos
con nudos de rienda y freno,
pues se frena la razón
dándole rienda al deseo.

Qué fácil es desear
la paz para el mundo entero,
y a la vez hacer la guerra
al cercano compañero,
que al caminar afín
y usando el mismo sendero,
puede pisar en tu sombra
y por tanto en tus deseos,
porque lo propio no es propio
si interfiere con lo ajeno.

No debe caber la prisa
en dar respuesta a deseos
que modelan voluntades
de unos propósitos feos,
y suelen ser la respuesta
para los ojos más ciegos.
Aspiración de fortuna
para el sanito viajero,
aspiración de la vida
para el caminante enfermo.

¿Qué habrá de sano en lo humano,
que pasa de malo a bueno
y pone piedad al mundo
tan solo después de muerto?,
porque la vela apagada
no tiene llama ni fuego,
y es bendita por la ausencia
de la razón del empeño,
en buscar a quién quemar
por respuesta a buen deseo.

El ansia por el amor
no llena del todo el cesto,
pues este nunca se llena
si está lleno de agujeros.
El aire que lleva gritos
siempre devuelve sus ecos,
las penas son siempre iguales,
tan solo cambian de dueño.

....

Siempre al final nos queda algo,
siempre queda algo pendiente
que podría ser corriente
sin ser proclama de altar.
Porque electora es la vida
en lo que da, lo que niega,
por la justicia no ciega
queda el querer perdonar.

Por soledades impuestas
en muy estrechos caminos
contando pares divinos,
siempre con número impar.
Porque aquello que llevamos
solo es eso que nos donan,
y si por ello perdonan,
queda el querer perdonar.

Por olvidos y desprecios
entre densos carnavales,
que son solo temporales
en una calle vulgar.
La verdad, hija del tiempo,
enseña el son de la rueda
que al moverse deja un queda,
queda el querer perdonar.

Porque es sabio el que perdona
al que no tiene, no sabe,
y vive con el jarabe
de lo simple, lo seglar.
Al que perdona, mil gracias,
mas, por favor sol poniente,
para los de sol naciente,
queda el querer perdonar.

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Jhetse

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