LA APARIENCIA DE LAS COSAS

PAU-SAN

No hallaste en mí valores alterados

ni distraída mirada.

Te extrañaste de verme sonreír.

 

Pisa la sombra que proyecto, y

traga el viento de mi espalda.

La sangre que escupí no era mía.

 

Aun la noche está caliente

y los humedales están secos

de amor, querido amigo.

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.