Mucho hablaste

Iago A.

¿Para qué tanto hablaste? 

Si callado te quedaste. 

¿Para qué tanto dijiste?

Si tirado al final me dejaste.

 

¿Qué pasó en ti? 

¿Qué te llevó a tal ruin? 

Opaco quedó el color

y todo perdió su calor.

 

Piensa nuevamente;

mejor es comprenderse 

que quedarse boca cerrada 

ante las situaciones complicadas.

 

Espero cambies tu manera de ser, 

que recojas el reloj otra vez 

y entiendas por fin de alguna vez 

que las cosas cambian, a veces, 

hasta desde las raíces sin darte cuenta cuando fue.

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