LA RETÓRICA DEL ÓBITO

Hernán Mejía Silva

Abro mis ojos,

y apareces difuminada,

palabra robada,

que se quedó atrás,

hablada por las ánimas,

colmando de melancolía los rostros…

 

Impulso animal,

aurora austral,

moral, bestial,

efluvio del Mictlán,

que se apodera del cielo,

de la tierra, del Valhalla,

y del insigne Olimpo.

 

Dolor que no se iguala,

pero mantiene al corazón limpio…

 

Es la palabra que se debate,

entre mayúscula y minúscula,

mas para todos late,

con su empatía nula,

su infinita justicia,

y su finita paciencia.



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