Piltrafa

rosi12

Carmiña, no podía

parar de llorar...

Se sentó en la entrada

de su casa 

mirando la nada.

Sobre un banco de 

azulejos azules.

Ese mismo, donde

alguna vez

había sido una fuente,

con peces gordos

colorados, que a ella

le gustaba tirarles

migas de pan...

En aquel momento,

había sido feliz.

Ahora una piltrafa,

la había dejado 

su primer novio,

su primer amor.

Y ella entregándole

su corazón se

lo habían hecho

añicos.

(rosi12)

Ver métrica de este poema


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.