LOS DOS NIÑOS

Carlos Bequer (seudonimo)

 

Los Dos Niños





¡La dulzura de tu cara mientras duermes! Te acaricio con mis manos y con mis ojos...
Y con mi alma quisiera abrigarte esta noche calma y todas las noches en que las estrellas acunen tu soñar.



Te conté un cuento, como casi siempre nos reímos de nuestras ocurrencias y bromas; y al final el sueño presto a vencer tus ojos, y siempre un abrazo y un "te quiero, papá".
Y la felicidad asoma a mis ojos, mientras contemplo tus 12 años, plácidos y felices en los caminos del sueño.

La sombra de otro tiempo y de otra infancia despiertan ecos en las veredas de mi corazón, y recuerdos de otra manita tendida que anhelaban un cuento, un abrazo, muchos besos y poder decir ¡Te quiero papá!
Un niño que volvió su mirada a las estrellas, a la luna y a un Padre Eterno que decían que amaba a los niños, y prendido en esa idea, soñó y buscó más allá...
La sombra de ese niño me acaricia el alma, mientras contemplo a mi hijo dormido y lo cubro de amor con mi ser.

¡Siempre estaré contigo!, nos reiremos, te contaré historias que nos hagan reír, te regañaré cuando sea necesario, pero siempre sabrás que te quiero, para que tu alma no se convierta jamás en una sombra, en un pecho de adulto, buscando una caricia... ¡Un te quiero!

Aquel niño ya encontró sus estrellas en los ojos de otro mirar, en otros abrazos, en otros besos, en un te quiero que acaricia el alma de dos niños separados por el tiempo y unidos por el amor...

¡Duerme hijo!, duerme tranquilo, aquí tienes mi mano, siempre la tendrás.
Y dejemos que la vida discurra... y compartiremos las estrellas soñadas y la brisa de la tarde.
Y dejaremos que las manos de aquel niño se enlacen con las nuestras mientras paseamos juntos hacia el futuro... hacia el Amor.

 

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