Lucius & Lili Underground Investigations

Romey


AVISO DE AUSENCIA DE Romey
Me retiro a mi soledad eterna.
Enciendo esta noche una linterna
entre el frío que por esta ventana
entra a borbotones, como mi alma
en la muerta materia desvencijada
haciéndola jirones de blanca niebla.
Me retiro a mi soledad eterna,
aunque nunca daré por perdida
aqueya estreya que briya a oriyas
de mi vida, entre marea y arena...
Me voy volando al alba al despertar
a esta realidad tan extraña,
que se sueña, es la verdad...
Me voy flotando en una ola enfática,
a toda velocidad, cortando las aguas,
y la gran distancia que nos separa igual.

Capítulo primero

Un detective sin cabeza

 

1
La secretaria le trasnsfirió la llamada que estaba esperando desde hace dos semanas. Descolgó el auricular y se lo pegó al perfil izquierdo -mefistotélico- de su apática cara.

-Dígamelo ya o cállelo para siempre
-...
-Vamos! Que salga de ti, Lili
-Anoche estuve en el centro... Fuí con el plan de visitarlo. Di varias vueltas por la calle y me senté en una terraza a tomarme un café antes de decidirme a abordarlo. Pero cuando toqué el timbre no hubo respuesta. Nada. Y la vidriera de la puerta no me permitía ver más que oscuridad ahí dentro de su casa...
-Y qué hiciste? Sigue
-Nada. Qué iba a hacer? Estaba cerrado con llave
-Pero Lili, tienes que sacar algo de este asunto, lo que sea, pero dame algo. Yo haré el resto
-No te apresures Lucius. Y déjame contarte... 
-Te cuesta
-Joder! Es que no paras de interrumpirme!
-...
-Pues a ver, te digo que volví a la misma cafetería y me pedí otro café, y entonces lo vi a él, que cruzaba a todo correr la carretera sosteniendo algo grande y brillante a la luz de los faros, como una caja con embalaje. A saber... Abrió la puerta de su casa, entró y la cerró con una coz
-Y eso es todo
-En realidad no... Dejé el café a medias y fui a tocar al timbre otra vez. Y otra vez no hubo respuesta, pero sí luz dentro. La caja estaba al pie de las escaleras, abierta!
-Y qué? Qué?! Qué contenía?
-Espero que estés listo para lo que voy a contarte. Te aviso de que el dato puede traumarte. Aunque, bueno... 
-Dispara! Diáspora!
-Tu cabeza Lucius. Dentro de aquel cubo raro vi tu cabeza, con esa cara de diantre que llevas a todas partes... Y ya déjame en paz! Eso sí, acuérdate de pasarte por mi piso para cubrir mis honorarios, o te denuncio... Venga chao, y que te vaya como el culo

Una sorda cacofonía le hirió levemente en el tímpano. Golpeó la mesa con un puño y la bombillita del flexo saltó convertida en purpurina. El teléfono volvió a sonar. Mientras tanto sacó del mueble-escritorio el cajón de abajo a la derecha y lo posó en la tarima, apartó una pila de documentos (dedicados a un caso que había quedado irresuelto) y justo debajo encontró la tijera con la que cortó el tirabuzón de aquel aparato de tortura. La secretaria acudió de repente atraída por ruidos sin identificar, y al ver lo que había hecho se llevó las manos a la boca, para continuar mordiéndose las uñas con su acostumbrado nerviosismo. Antes de irse a lo suyo la chica le arreó un mamporrazo que lo dejó resquebrajado como un mosaico tras un tectónico deslizamiento de un diezmilímetro elevado a la suprema potencia. Más gastos para la empresa igual a otra subida de impuestos, la oyó murmurar antes de hacer añicos su día de un portazo

Lucius acababa de perder todo anclaje con lo real, aún sin pensar en lo que Lili le había contado -quizás creyendo que ese horrendo detalle (inventado?) contriburía en gran medida a desestabilizar el ya de por sí hipocondríaco carácter de su jefazo-, sin embargo eso no le robó nada de su talante proactivo, más bien lo motivó a correr a meterse en su chatarra rodante para personarse, como una aparición en un hospital abandonado y ocupado por yonquis, en la casa del único sospechoso del crímen de odio perpetrado en la letrina comunal de un parque de atracciones financiado por la mafia política actualmente en el poder. Después de treinta decenas de intentos de encender el motor del anciano montón de óxido con ruedas, tras una breve pausa que dedicó a fumar un cigarrillo en un tiempo record de cero coma tres segundos, se encontró pensando en cómo sería la visión del tiempo a los ojos de un demiurgo como el impersonal Brahmán hindú, teniendo en cuenta que la duración de un solo parpadeo suyo bastaría para abarcar la historia completa del universo.

-Me ayudaría mucho con las investigaciones tener ese control del tiempo. Oh sí, sería ideal... Aunque creo que me haría viejo en el proceso de rascarme la cocorota, cosa que deduzco mediante el uso de mi lógica de sabueso callejero

Cómo no daba pasado ningún taxi por la carretera hizo, alternativamente, el gesto de pulgar arriba a los conductores, y luego, al comprobar que ningún hijo de puta se dignaba a recogerlo, el corte de manga poniendo el corazón (dedo) en ello. Éste proceso se repitió ad infinitum, o esa fue la impresión que le dió. Un camionero pegó un frenazo al verlo a él dirigiéndole una señal fálica insultante y el detective temió que pretendiese aplicarle la puntera de hierro de sus botas a sus achicados testículos de sustancia viscosa y piel fofa. De aquel elefante moderno salieron los primeros compases de una conocida composición de Mozart que a Lucius no le sonaba ni de oídas: era el claxon, como cabría suponer, cosa para la que recurrió a su olfato de rata rastrera

-Venga imbécil, no te quedés ahí parado que vas a provocar un accidente. Sube!
-A sus órdenes comandante! 

Tuvo que estirar una pierna hasta contracturarse la espalda para alcanzar el escalón que lo ayudó a hacerse un sitio entre cuanto juguete para satisfacción vaginal ocupaba el asiento a mano derecha del pirata del asfalto que lo estaba mirando como si fuera un pulpo cósmico que hubiera acabado de pescar en el río Providence.

-Puedes zapatear todo esos chismes por el suelo sin problema amigo. Quieres uno? Los vendo buenos, bonitos y baratos. Eh,.qué me dices? Un regalo para tu esposa. Uh, yo diría que con esa cara debes estar divorciado... Un dildo para tu amante? Los tengo bien gordos y grandes

-No, gracias. Me las arreglo con lo que Dios me dió interesadamente, para que le meé mis orinientos arcoiris en los cayos
-Eh? Ah! Oh mierda! Acabo de subir a mi camión a buen cristiano. Válgame el Diablo!
-Ni tanto... Vas a la ciudad? Yo querría ir en la dirección contraria. Tal vez será lo mejor que me vaya. Si te niegas a frenar mi fuga será la escena más vista de la película, porque me veré obligado a saltar mientras conduces este paquidermo a doscientos por hora
-Ni de coña te vas a ir. Hazte a la idea de que hoy estás invitado a todo. Es éste tu día de suerte amigo! Espera a que ize la bandera negra y arrancamos. Te voy a llevar a un garito donde te van a cambiar esa cara de malfollado por una que sea todo sonrisa
-Pues a la mierda el trabajo. Estoy de acuerdo. Dónde tengo que firmar para entregarte el alma Satanás?
-En los cuartos traseros de la puta yegua que más te mole
-Para mole tu carro y para puta tu música que parece catarro
-Me parece buena idea que te tires del coche en marcha si de verdad no te va Sons of the Babylon bitch
-Acepto el desafío!

Una pareja de octogenarios fliparon al presenciar lo nunca visto. El viejo pilotaba a ralentí a la vez que la señora iba recitándole una adivinanza de cachondeo o un chiste sin gracia (van dos carcamales al cementerio para hacer compañía a sus familias ya idas. Están éstos vivos o muertos?) cuando Lucius irrumpió de culo en el vehículo-escarabajo atravesando el parabrisas

2
Acomodado sobre una acumulación de cojines de todas las clases posibles: redondos y rojos con florecillas pintadas, cuadrados con pelillos en los bordes y dibujitos jeroglíficos, poliédricos metamórficos refugio para camaleones, etc; con apariencia de paciente durmiente mientras chupa el rabo de un macroespermatozoide (termómetro), convaleciente con un dolor de quijotera que doblegaría al mismísimo Heracles en su "prime time", tan sobrecargado como el decorado del salón donde se haya: tiras de colores van de un lado a otro surcando el cielo raso y dan vueltas de campana para acabar metiéndose por las fosas nasales de unos monitos de ébano que reposan contemplativos y sonrientes encima de los muebles, jarrones de todos los tamaños y orígenes se le meten por las hendiduras oculares y saturan su cerebro, peripatéticos rostros eternizados en fotos conspiran contra su gobierno central dotando de armas de destrucción masiva a sus neuronas más desobedientes y alborotadoras. Se siente como a punto de chillar, se arranca las mantas de espesa lana de oveja negra, revienta de un manotazo un reloj de cuco al juzgarlo demasiado anticuado, agarra un abrecartas y lo usa para rajar una cortina roja al estilo del castillo de Drácula, y se tira directamente por la ventana escachinflando la luna que vuela hecha cachos en el mismo sentido que su cuerpo, parábola que lo conduce a una caída de bruces sobre el césped recién depilado. Ahora está viendo las estrellas, parece ser que se ha colado por un portal microscópico derivando a un jardín hiperbóreo, pero es su inconsciente lo que se ha teletransportado: la señora acaba de llegar de la tienda cargando con una bolsa gigantesca repleta de repollos, zanahorias, patatas, cabezas reducidas y compañía, cuando lo ve ahí durmiendo al pairo deja la compra a un lado, echa mano a un cubo, lo llena de agua en una laguna miniaturizada y la aboca sobre él, que vuelve de Hiperbórea con una tremenda cogorza de hidromiel nórdica y la bocaza llena de vallas silvestres de las tóxicas

-Duáspurua!

La tipa estaba erguida delante de su napia manteniendo un mutis de estatua que le favorecía al cutis y a la vida sana. Una palma arrugada le dejó una marca en la cara, un tipo de pintura rupestre milagrosamente plasmada sin pigmentos. Al oír un chasquido metálico supo que el marido acababa de enarbolar su fusil del siglo antepasado apuntándole al culo desde una tronera del segundo piso de aquella casa con aspecto de asilo para vampiros. Emprendió una cabalgata, saltó los setos, avanzó otro trecho, tropezó con una rata que cruzaba el sendero y cayó dentro de un féretro. Regresó al jardín hiperbóreo y volvió a beber hidromiel con los elfos, se hartó a vallas venenosas y despertó a medianoche con el tañido de una campana que sonaba a rota. Intentó prender un puro con el plan de enviar a Lili señales de humo fluorescente, sin embargo el tabaco estaba no menos húmedo que la caja de cerillas... Pero qué demonios hacía una tumba precisamente ahí, en medio de ninguna parte, dentro de un círculo de velas derretidas? Empezó a hilar diferentes datos hasta acabar hecho un lío... Se manoseó los bolsillos y por suerte dió con su cartera en uno de ellos: estaba anocheciendo y tenía más sed que un pato fatalmente desorientado que hubiese desembocado en el Gran Cañón en un día bochornoso del verano. Así que buscó un bar, una taberna, un alijo de botellas en los alrededores, lo que fuera con tal de que le quitara de encima esa pesada capa de sobriedad -que le impedía pensar con claridad- de un solo etílico capirotazo. Se topó con dos amigotes borrachos que caminaban tomados de los hombros para ayudarse mutuamente a no caerse sin éxito alguno: antes de llegar a su altura se desplomaron al unísono en un charco de estiércol en el que se rebozaron como cerdos. Lucius tenía pensado preguntarles dónde podría invitarse a un guarinai, pero se le quitaron las ganas y siguió recto por aquella estampa de callejuela del medievo más gótico por donde ellos habían venido torcidos. Qué lugar era ese? No tenía ni puta idea! Y acaso le importaba? Solo deseaba empinar el codo y olvidarse de dramas... Ese maldito oficio le minaba el alma y le hacía rodar como un trompo sin ni una mísera pauta prefijada: era, y no solo en parte, desquiciante... Pero realmente actuaba (quizás sería más acertado decir que no lo hacía en absoluto, como Buda, libre de toda atadura kármica) de tal modo siempre, sin excepción -incluso cuando acababa atrapando al criminal, lo cual sucedía con bastante frecuencia-, y no sabía por qué... Ni le apetece indagar en la herida con el retorcido dedo de la mente, prefiere enfilar el primer barril que encuentre, levantarlo en peso y beber como un senador romano, ahogarse en un mar de licores, en un arcoiris líquido cuyo destino será sin duda soliviantar los dolientes cayos de Dios al ser meado sobre setas psicotrópicas. Tras caer redondo dormirá una larga siesta; al despertarse lo primero que hará será engullir sal a puñados, disque para sentirse mejor... Pero entremedias pasarán varias cosas. Una: chica se acodará en la barra e intercalará una manita de dúctil porcelana entre los muslos de un Lucius más seductor que nunca. Dos: le dirá algo así como "tienes fuego?" y ella le responderá "ardo por dentro", lo cual hará pensar a Lucius que la pobre muchacha padece de acidez estomacal. Tres: para aliviar la tensión resultante del encuentro con la virgen-ramera saldrá a fuera con su copa y la volcará en la camisa hawaiana del hombre que Lili -presuntamente- había pillado sobrellevando su insoportable testa en una caja como si fuera un regalo navideño remitido a un escualo antropófago. Cuatro: en el acto al bandido se le escurrirá de las manos una fotografía, ésta hará una danza aérea y terminará en las fauces del furioso Lucius. Cinco: se largará echando leches. Seis: escupirá la foto y la embadurnará en vómito. Siete: la cogerá y se la guardará en el bolsillo de la chaqueta. Ocho: se sentará en un banco al lado de un barbudo vagabundo. Nueve: le pedirá un cigarro y obtendrá una colilla babada. Diez: aspirará una calada. Once: le preguntará "qué lleva esto? Doce: "no sé, hachís supongo... Lo encontré en el cagadero municipal". Trece: Lucius volverá a echar la pota. Catorce: se arrimará a un árbol y meará su clásico arcoiris en un encarnado cayo del Altísimo. Quince: retornará al banco, junto a su piojoso nuevo amigo. Dieciséis: se sacará la foto del bolsillo. Diecisiete: la sacudirá para escurrirle los tropezones de cruasán masticado y el bilis. Dieciocho: advertirá que se trata de la joven que fué asesinada, y que lleva puesta la misma sonrisa que la tía que lo abordó en el bar. Diecinueve: le dará la vuelta a la instantánea. Veinte: leerá "para que recuerdes mi careto mientras doy un paseo por el futuro. Te amo pichón". Veintiuna: a Lucius se le escapará un "mierda". Veintidos: el vagabundo le contestará "yo puedo conseguirte de la buena"

3
Deisy Estouns taconea por una bocacalle sin nombre. Lili le sigue el rastro a hurtadillas, aunque no cree -al revés de Lucius- que sea ella la chica de la foto. Pero es tan parecida... Es idéntica al cadáver que vió hace dos noches en la morgue. El chico de la hawaiana sale de detrás de un tronco y envuelve la cintura de la señorita Estouns con un brazo fornido, la atrae hacia sí y la besa como si el fin del mundo fuera inminente, como si no hubiese dos odiosos ojos clavados en él. Ella se levanta la minifalda cogiéndola por un extremo con los dedos y él mete mano descubriendo la ausencia de prendas íntimas debajo. Ella deja escapar un gemido suave, una onda sonora que se embrolla con la que conforma la sirena de una ambulancia. Lili da uso a su cámara. Tarde se percata de que no había desactivado el flash, y ahora la parejita la está mirando intensamente con cuatro ojos llenos de llamas y oscuridad. La luz se hizo de pronto y Lili se encontró atada a una silla, en una especie de desván, entre electrodomésticos inservibles, cajas de libros y revistas, nidos de arañas, sombras y demás. Intentó hablar, pero tenía la boca vendada con celofán... 

El puro se deshacía en oes, como Lucius en ayes... Se había fumado ya cuatro puros y Lili aun no había dado señales de humo. Se acabó el quinto y último y se olvidó del asunto: tenía tanto sueño... Corrió a prepararse un expresso. Cuando abrió la alacena para coger la taza sonó el timbre. Yiiin yaaang! En la entrada tuvo un breve encuentro con un mensajero que traía en un paquete el nuevo teléfono. El tío quiso venderle además una moqueta con chinazos; Lucius tuvo que negarse reiteradamente; no obstante al final, como aquel peso pesado no se daba ido ni por las buenas ni por las malas, le compró la fea alfombra a cambio de toda la pasta que le quedaba en la cartera. Instaló el teléfono en su despacho y bajó al sótano para depositar el trapo donde no le estorbara. El candado que mantenía herméticamente sellada la compuerta hidráulica de la mazmorra tenía un parecido con Jesucristo en el Vía Crucis: el pequeño diablillo se había dado a la fuga: se trataba de un criminal de poca monta y mucha potra, estafador de tercera o cuarta categoría, preñador de abuelas y asaltatumbas... Mal asunto, pensó Lucius, y al instante se vió expresando su disgusto al cerrar la compuerta de una potente patada, golpe que produjo una onda expansiva que afectó a los pilares del inmueble, el cual se tambaleó como bote navegando un maremoto; la pintura se desprendió de las paredes y cayó en cascajos, los libros se lanzaron de los estantes como si todos a una se hubiesen asociado al Club de los Suicidas, las arácnidas lámparas al ser abaneadas fueron menguando mientras se precipitaban las cuentas de cristal como gotas heladas durante una imprevista granizada, dejando todo hecho un desastre... Ahora tendría que hacer cuanto le fuera posible, inventar cualquier estúpida excusa, con tal de mantener alejada a Lola, la secretaria, de su lugar de trabajo. O lo mataría... Peor todavia: lo convertiría en hazmerreír del mundo entero publicando sus excentricidades más autoridiculizantes... Menos mal que tenía cosas que hacer fuera; qué alivio poder dejar para otro momento todo aquel estropicio del que él era el único responsable: automáticamente quedaría descartado cualquier sospechoso que no cargase con esa cara de... Dónde se habría metido Lili? Era hora de ir a averiguarlo, no sin antes meterse en los gayumbos el revólver (heredado de su tataratatarabuelo el cowboy) con el cañón para abajo apuntándole al pene, que se encogió por efecto del miedo a morir, o quedar impotente...

A Lili le llovió otro par de bofetadas; escupió un cuajarón de sangre coagulada hacia la camisa hawaiana que se bamboleaba delante de sus ojos como el velo de Isis en las noches del Nilo, como una mosquitera tecnológica que se moviera constantemente para repeler a los minúsculos vampiros

-Mira lo que has hecho zorra! Mi camisa favorita... Joder! Pero qué te he hecho yo a ti para merecer esto?
-Qué qué me has hecho cara de culo? Acaso aparte de tener mal gusto eres tonto perdido?
-Cómo sigas así tendré que sacar a relucir las tijeras de podar para cortarte la lengua y dársela de comer a los gatos... No tienes ni idea, ni puta idea de lo que pasa... Aquí hay gato encerrado, encerrado y a cal y canto... Te daré una pista: ayer viajé al futuro y he vuelto, por lo tanto ahora hay un duplicado de mí andando por ahí... Matando gente! Él mató al duplicado de Deisy... Y ahora no sé qué tendrá planeado ese otro yo mío, pero me parece que nada bueno... Joder! Joder! Y si viene a asesinarme... A mí que soy igual a él... Tú... Tú podrías ayudarme, no sé cómo, pero estoy seguro de que lo harás, de que me ayudarás a salir de este lío... Joder! Yo que culpa tengo? A mí me invitaron a probar esa maldita droga... Qué sabía que me llevaría tres años adelante... Fue lo que me dijo el pavo; creí que exageraba, pero así fue, tal cual... Y cuando se me bajó el colocazo plaf! Aparecí en el mismo lugar donde había estado metiendo, en el puto cagadero municipal, caí sobre montes de porqueria al lado de un casposo que ni se inmutó, se quedó todo tranquilo fumando una colilla... Eso es lo que más me asusta... Todos parecen saber qué es lo que pasa menos yo
-Pues ya somos dos... Puedo fumar un cigarrillo? Los tengo aquí, en el bolsillo, encima de la teta... Una de dos: o me desatas o coges tú uno (sin sobarme la teta o te mato!), me lo pones en la boca y me lo enciendes
-Bueno... De acuerdo
-Eh! Deja esa puta mano quieta imbécil!
-Vale vale... Toma fuego
-Mmm
-Qué marca fumas? Y ese humo azul... Verde... No, ahora es rojo
-Tonto, atrapa el humo antes de que se filtre a fuera si puedes jajaja
-Tu chiste no tiene gracia sabes?

4
Lucius iba a salir escopeteado a la búsqueda de Lili cuando volvió a sonar el teléfono. Creyendo que sería su ayudante descolgó y fue una sorpresa escuchar de nuevo -treintaitrés años despues- la voz de Piti Oporto, un ex compañero de la academia. Ese viejo camarada no había cambiado nada: podía notar el olor a alcohol de su aliento, porque se metía por los cables y llegaba a sus narices, y oía sus ronquidos de cerdo amaestrado, su críptico lenguaje: de todo cuanto Piti dijo Lucius no entendíó ni una palabra salvo: Perro Morboso; 7 pm. DPM, fue la respuesta de Lucius. DePravado Mental, Dímelo Post Mortem, estaba pensando en respuestas alternativas, presa del aburrimiento, fruto de tener tantas cosas todavía por hacer; necesitaba una considerable dosis de DoPaMina, eso lo tenía más claro que el tinto vino. Descorchó una del blanco y se comió un rosco de un solo mordisco. Como el vino sabía a rayos fritos probó el café frío -de antes-: estaba casi tan amargo como el humor de Lola, que acababa de materializarse en el vestíbulo justo cuando Lucius se disponía -en un segundo intento, también frustrado- a salir escopeteado. Pero qué?!, dijo la secretaria dando la voz de alarma, y se desmayó, cayó sobre las piernas de Lucius, que no tuvo tiempo de esquivarla. Las manos de ella se aferraron al cinturón del detective, cuya hebilla de cartón piedra cedió permitiendo que sus pantalones se deslizasen suavemente hasta sus tobillos. Los gayumbos le marcaban bien el paquete: el revolver de su tataratatarabuelo, que inexplicablemente se disparó perforando el poliéster y dejando al descubierto una erección de semental a los ojos de la secretaria... Ahora la verdad: Lucius imaginó esa pornografia para ajenarse de la represalia que le estaba cayendo encima del mismo modo que un meteoro del tamaño de un campo de cultivo de garbanzos industriales. Por fin consiguió salir de allí escopetado pero cuando puso un pie en la calle no supo ni adónde ir, con lo cual tiró su moneda de la suerte al aire; fue incapaz de atraparla al vuelo, en lugar de eso la golpeó con el dorso de la mano enviándola un poco lejos; la moneda cayó en la acera y rodó cuesta abajo y él corrió tras ella: era todo lo que tenía para comprar de comer hoy... La moneda siguió rodando sobre la línea divisoria de la carretera y él corría y corría sin alcanzarla, y cuanto mas avanzaba al trote más se iba encorvando y estirando el brazo para cogerla mientras movía las piernas a más y más velocidad, de modo que quien lo hubiera visto hubiera llorado de la risa. La moneda viró de repente a la izquierda entrando diagonal en una rotonda entre varios coches que circulaban a más de cien por hora -cincuenta unidades más que él y cuarentaicinco más que la moneda- en un ángulo de curva de veinte grados. La moneda fue la causa de dos siniestros totales y Lucius saltó sobre los motores ardientes y la ruedas libres mientras ella se deslizaba con la agilidad de un atleta medallista olímpico derrapando sobre cristales rotos y chasis descuajaringados. Se salió de la carretera y rodó por un roquedal hasta desembocar en una playa que en principio parecía desierta. Lucius estuvo a punto de darla por perdida; ya agotado y viendo que su reloj marcaba las 7 pm -quince horas había pasado sudando mares para salvar la economía, como un esclavo en las minas...-. Tenía la sensación de que se estaba olvidando de algo, pero no tiempo para indagar en su cerebro para averiguar lo qué. Cuando levantó la cabeza y echó un vistazo a su alrededor se dió cuenta de que se había desplazado tres pueblos hacia el norte -según su brújula mental, para nada de fiar...- dando vueltas en el sentido contrario al de las agujas de los heroinómanos que ahora discutían sobre los derechos de propiedad y posesión de aquel pedazo de metal esmerilado que había venido a depositarse en un punto equidistante respecto a cada uno de los yonquis; desenvainaron las navajas y dieron comienzo a una matanza en la que lo único que se mantuvo en pie hasta el final de la contienda fue la moneda, ya que había quedado clavada de canto en la arena húmeda. Lucius la cogió y salió -otra vez, ésta a la primera- escopeteado, temiendo que en cualquier momento se presentase una patrulla (un guiri hablaba por teléfono mientras lo miraba por el rabillo)... Compró en uno de tantos supermercados... Pues no: ya era de noche y se encontró todos cerrados: entró en un 24 (se guardó en el bolsillo una cajita de puros mensajeros que había en el mostrador en un brevísimo descuido de la señorita dependienta), compró (le sobró un céntimo que donó en favor de una causa benéfica: para ser más exacto: ésta pasó a ser su nueva moneda de la suerte) una lata de espinacas y se las comió al estilo Popeye, aunque la mitad le fue arrebatada por el flamante pico de una gaviota mestiza; faltó poco para que desenfundara la pistola y la fulminara de un balazo, pero se contuvo al ver que mientras se ocupaba en pensar en hacerlo el caldo se estaba derramando en sus tenis blancos... El color o la ausencia de tal le trajo a la memoria algo que había visto tras la dichosa gaviota cuando ésta se elevaba -con la mitad de su almuerzo- hacia las alturas celestiales: un deforme arcoiris de humo flotaba por encima de un ruinoso chateau como el ocho tumbado sobre el sombrero del Mago. Si Dios tuviera la costumbre de tirarnos señales así es como lo haría, pensaba Lucius mientras sorbía el caldo directamente del fondo de la lata por mediación de un tubito que hizo con una de las tarjetas de Lucius & Lili Underground Investigations (LLUI) que solía llevar en la pechera por si casualmente surgía un cliente... Lili podría esperar otra eternidad, qué mas le daba? Seguramente estaría demasiado ocupada tirándose al tío de la camisa hawaiana... Una bandada de palomas y una pandilla de grafiteros -faunas del ecosistema interurbano- se espantaron de tan explosiva que fue la carcajada que terminó por hacerlo toser al atrangantársele una bocanada del mismo humo fosforescente que... Un momento... Lili... Lili!!! 
Lili, Lucius va al rescate, qué podría salir mal?

5
Piti Oporto está tomando el fresco en la terraza del Perro Morboso. Son las 7:20 pm. Lucius entra en escena subiendo una escalera que no forma parte del escenario y se sienta frente a su camarada de la academia
-Caramba Piti! No has cambiado nada en todos estos años, sin contar los pelos que te salen por las orejas y ese bigote niezcheniano que te vela media cara
-Voy a ir directo al grano Lucius. Pero antes pide lo que quieras; ahí viene el camarero...
-Qué me dais a cambio de un céntimo, no tengo más...
-Yo te invito Lucius, sin problema
-No quiero tomar nada, en serio...
-En ese caso debe irse usted
-Traigale un chupito de absenta y listo. Yo lo pago
-Absenta? Lo que me faltaba
-Oink Lucius, Lucius, Lucius. Cómo lo haces?
-Qué cómo hago el qué? Oye de qué va esto? Tú me has llamado, yo estoy aquí. Déjate de películas y ve al grano como buena hormiga obrera camarada
-Hay un asunto del que quiero hablarte. Seré preciso: quiero contratar tus servicios para que sigas a mi amante... Creo que su vida corre peligro, y todo por mí culpa orc ogg oink
-Oye camarada (cómo me gusta usar esta palabra, madre del amor blasfemo!), esa amante tuya no será por casualidad amiga de una tal Deisy Estouns?
-Estouns? Deisy? Me cago en la puta! Esa es la japuta que ha amenazado a mi dulce Rosita
-Anda! Hablando de la reina de Saba... Pilla una servilleta que se te cae una salomónica baba bebé
-Eng? Ogg oinkuuf-kuf... Ah vaya, sigues siendo tan impertinente como siempre...
-Amigo, te importa acompañarme: me urge dar con Lili... Mierda: ya se disipó la humareda. Dónde era?
-Te las arreglarás bien sólo. Mañana iré a visitarte. Y por favor, encierra a esa tal egg ujum Delcy Estones
-No te prometo nada, solo que me pagarás y con propinas viejooo. Venga, hasta otra
-Hastamalaña egg mañana... Lucius

-Oiga señor su chupito!
-Voy... Dame eso... Tranquilo, él lo paga. Lo prometido es deuda, no Piti? Ese era tu lema en la academia; eh Cerdito?
-Vete a la mierda ya Lucius egg oi oink. At-chííís! Bluuurp
-Jajajaja. Glup... Uhhh! Menudo pelotazo! Voy a vel si localiso a Lili Kill Bill... Xau!

6
Las calles son como serpientes infinitas -el Laberinto de Creta versión moderna-; el asfalto sobre las escamas, la luz de un amanecer imposible que forzosamente aterriza repeliendo a las sombras que huyen hacia occidente y a ras de grava como negros reptiles... La ciudad es como una boca todo colmillos: plateados pinchos con más agujeritos que el queso suizo, obeliscos grises o robóticos índices señalando a las estrellas o a lo que queda de ellas... Toda la pululante fauna humana se levanta esta madrugada: es el pene de Adam Kadmon, que vuelve del mundo de los sueños en plena erección: una idea erigida por querencia del deseo del hedonista miembro del Hijo... Pero ninguno o casi ni uno de esos animales bípedos que lo componen es consciente de tal pulsión; se entregan al libertinaje, a la rueda del hamster, interpretando a funcionales engranajes encajados al cuerpo virtual de la Matrix en una obra teatral cuyo sentido no queda al alcance de cualquiera... Ahora hagamos zoom en una zona al azar: ahí, por ejemplo, donde esa nube de humo chillón... Qué es lo que ocurre? Algo raro: el edificio en llamas? No; es el reclamo de algún tipo de animal. Para ser más claros, atengámonos a lo terrenal: es Lili, que ha dado la voz de alarma a pesar de tener otra vez la boca vendada con celofán. El de la hawaiana duerme sin soltar el bate con el que ha estado amenazándola por puro capricho infantil... Una epiléptica bombilla basta para dotar al ambiente de este zulo de un aura siniestra, sin embargo la luz se va un segundo antes de que Deisy Estouns haga su entrada. Ñieec tas!
-Bodi arriba pichón!!!
-Uuaahh!!! Qué?! Qué pasa?! Se escapó?
-Sí! Corre! Acaba de salir corriendo por la puerta!
Bodi -el de la hawaina-, como un pez embobado, muermo, picó el anzuelo. Deisy se sentó en la silla que él dejó libre y clavó una mirada asesina en la cara pálida de Lili, y otra en la rubia melena que tanto le envidiaba, pues era bizca y calva, aunque no lo aparentaba porque solía llevar puestas unas lentillas especiales y una peluca de un color dorado tan artificial que hacía parpadear a aquel vidrioso y diminuto sol interior al devolverle en hirientes reflejos, multiplicada por un número muy largo de astros como el, su luz ya de por sí cegadora, que terminó totalmente eclipsada por la oscuridad que emanaba la torcida sonrisa de pegatina adherida a la blanqueada cara de la Princesa de las Tinieblas (PT)... 

-Crees que mediante alguna artimaña podrás deshacerte de mí y evitar que te destripé. Pero te adelantó que no tienes escapatoria. Solo mira a tu alrededor: paredes de hormigón, más paredes de hormigón, unos cuantos chismes inútiles, material de tortura... y yo...

PT se levantó de la silla -la que emitió un crujido bastante desagradable para Lili, que no pudo evitar oirlo- y caminó contoneándose con sus largas piernas en movimientos laterales, como los cangrejos casi, en lo que parecía una mala imitación de alguna extraña clase de danza tribal. Retiró la manta plástica que tapaba todos aquellos espantosos instrumentos punzantes, sostuvo un instante uno que tenía cierta semejanza con los fórceps de los ginecólogos, luego otro que debía ser un taladro al que alguien había acoplado la triple cuchilla extraída de una desbrozadora de fincas, pasó este objeto a su mano siniestra y con la diestra agarró por la empuñadura de cuero una pistola de rayos láser con el grueso cristal de una lupa incorporado para potenciar la acción quemante del disparo. Cuando PT (o DE) se disponía a comenzar con el sadismo un Bodi jadeante penetró en la amarillenta luz umbría del zulo y cerró la puerta de una coz, como ya había notado Lili que tenía por costumbre. Se acercó corriendo a la prisionera enarbolando el bate y despotricando palabras malsonantes en una arranque de violenta tontería. Deisy lo detuvo apuntándole a los testículos con el punto rojo del bláster, y él se quedó petrificado como si hubiera puesto sus ojos en los de Medusa.

-Ésta es mía! Lo pillas Bodi?! Como se te ocurra ponerle una mano encima te quedas sin polvo; me voy con tu doble -me oyes?-; al fin y al cabo él es como yo...

Y puso en on el taladro, cuya ensordecedora estridencia llegó a oídos de Lucius. Había estado merodeando en las inmediaciones de aquel edificio vacío sin hallar rastro alguno del humo fosforescente. El sonido provenía de una pequeña abertura enrejada situada a la altura de sus pies desfallecientes (había tenido que andar una distancia de cuatro cuadras al cuadrado cuesta arriba y abajo para llegar ahí con un dolor insano en los metacarpianos y sintiéndose pesado como si cargase a hombros con un piano de cola). Sin hacer poco esfuerzo arrancó la reja de un tirón: con la inercia del impulso salió lanzado hacia atrás y cayó toscamente a un pozo que no había visto antes. En vez de agua en el fondo había una placa de polietileno que se quebró ipsofacto con el impacto. Lucius ahora estaba de tour por el Himalaya, siguiendo a un sherpa que no paraba de repetir: Shámbala, shámbala... Deslumbrado por la majestuosidad de aquellas imponentes, escarpadas, gélidas montañas, se fue abriendo paso con la nieve cubriéndole hasta las rodillas... La memoria le decía que llevaban tres días de ascensión constante, no obstante se topó con un espacio en blanco en mitad del paisaje que despertó en él ciertas dudas acerca de la realidad que estaba viviendo... en estado de letargo a causa de un tremendo traumatismo... mientras Bodi ataba a su contraparte física a una quejumbrosa silla...

7
Y qué pasa el clon de Bodi? Bien, ha llegado su hora: en su mente cuadrada solo había cabida para una idea: la supervivencia, y ésta misma implicaba deshacerse del Bodi original, para lo cual había diseñado un plan, simple, sí, pero que podría resultar efectivo: encontrarlo y matarlo. Obviamente lo sabía todo, desde la ubicación del zulo hasta la marca de la ropa interior que gastaba PT, aunque eso ahora no viene a cuento..., y también tenía cierta noción de lo que estaba ocurriendo. A Bodi 1 y a Deisy (doble de la fallecida, realmente) se les estaba yendo el asunto de las manos; no habían sabido como encajar las piezas del puzzle y habían optado por responder a tantas incógnitas cayendo en un salvajismo troglodítico: le constaba que habían cometido actos terribles en el futuro, con la excusa de que en el presente nadie sabría nada, pero la cosa empeoró cuando empezaron a hacer lo mismo aquí y ahora: estaban tan fuera de control como un explosivo casero en manos del niño travieso... Y él lo mismo, es decir: de todas estas reflexiones ni una llegó a concretarse dentro del descerebrado cráneo de Bodi 2. El sentimiento de culpa lo atormentaba casi tanto como el recuerdo de la línea cronológica que había dejado atrás al ingerir aquellas pastillas, retrocediendo tres años, al revés del Bodi original: singularidad traducida al lenguaje de la paradoja... Acaso tenía importancia para él? No, ninguna..., pero seguía siendo, en esencia, nada más que (el clon de) Bodi, y teniendo menos luces que un desván en desuso, así que -como tenía por costumbre- actuó sin pedir consejo previo a sus escasas neuronas...: faltándole la cordura invadió el zulo armado de su vieja guitarra sin cuerdas y vociferando como un bárbaro...; antes de que sonara la campana que iniciaría el primer round destrozó el instrumento contra su propia cabeza: Bodi 1 quedó knock out; de un rincón en sombra venía una risita sinuosa: la Princesa de las Tinieblas gozaba al ver cómo todo salía acorde al plan que no tenía. Mientras tanto dos tercios del equipo de Lucius & Lili Underground Investigations (LLUI) -los dos que le daban nombre, de hecho- permanecían atados de pies y manos, aunque los secuestradores habían pasado un detalle por alto: Lucius todavía podía utilizar su voz, y la verdad es que lo hizo: engatusó al único Bodi que quedaba consciente (a decir verdad jamás lo había sido, o quizás solo siendo un bebé... Otra paradoja: todavía era un bebé!) para que le quitara las ataduras mientras Deisy había salido un momento al bar para mear. Le dijo que tranquilo, que él simplemente era un traficante de drogas, y que si lo liberaba le entregaría una sustancia fumable que significaría el fin de todos sus males. Al fin al cabo seguía siendo Bodi; como ya he dicho, un tipo con menos luces que un desván en desuso, y además tan fácil de convencer para alguien como Lucius, quien llevaba media vida tratando con toda variedad de maleantes del mismo corte para ganarse las espinacas y poder sentirse casi tan fuerte durante un instante -por breve que fuese- como su ídolo de infancia: Popeye. Nada más encontrarse de manos libres redujo al Bodi restante con una yave (inglesa), desató a Lili y entre ambos tendieron una emboscada a Deisy Estouns, cosa que no formaba parte de los planes que ésta no tenía. Llamaron a la policía para que viniesen a arrestar a un delincuente por duplicado más a la villana de turno..., y eso fue lo que pasó, descontando que cuando el equipo completo de LLUI celebraba el hecho de haber resuelto el caso sonó el timbre. La secretaria abrió la puerta y vió a dos hombres de negro más tiesos que Moáis. Por suerte ella estaba de mal humor ese dia -como siempre- y no hubo más percances con tales agentes de las élites (sectas) paranoicas. Lo malo es que iban a cenar las frituras del triunfo y ese par de empedernidos oscurantistas se llevaron consigo todo el aceite que había en la casa... hirviendo a flor de piel.
Un último dato a destacar: de madrugada volvió a sonar el timbre y cuando Lucius abrió la puerta horas después se encontró con una caja que contenía su propia cabeza, y dijo:
-Hasta ahora me las he arreglado bien sin cabeza, no la necesito, pero gracias igualmente

 

Capitulo segundo

Una ristra de incógnitas

 

Capítulo segundo: 

Un ristra de incógnitas

 

1

Un caricaturesco gentleman espera impaciente -consultando la hora cada dos segundos, como si ese gesto fuese parte de un ritual con el propósito de evitar que el tiempo se le escape- ante la puerta -provista de picos antielefantes y una aldaba con la forma de un falo, todo ello forjado en bronce- de Lucius & Lili Underground Investigations. Él es Piti Oporto, que no podía faltar a su palabra y ha venido a despertar al resacoso detective de turno -a disposición de los demandantes las veinticuatro horas del día. No se malinterprete la palabra demandantes. Si me demandan, yo sacaré sus trapos sucios a relucir en primera plana. Literalmente eso dice la placa (también de bronce) que está atornillada a la puerta principal de esa casa que parece estar a punto de venirse abajo-. Levanta el broncíneo pene y lo deja caer. Una vez y otra más, pero le parece que eso no bastará para despertar a esa marmota, así que vuelve a su gris Citroën (esa es la marca real del coche, aunque luzca en el frontis lo que podría interpretarse como la insignia robada de un Mercedes, o una representación de su orgullo de ex hippie, o ambas cosas a la vez; por qué no?) y toca el claxon hasta que se cansa, momento en el que una persiana se abre como un ojo y una cara roja con barba de treintaitres días se asoma y le hace una señal a Piti indicándole que venga, que ya baja a hackear la cerradura electrónica -cuyo manual de instrucciones vino en chino- pues solamente la ahora ausente Lola es capaz de desbloquearla



2

El sótano me da mucho yuyu allí veo muchas sombras y oigo murmullos... entré alguna vez de noche en la noche es cuando más yuyu da... sí da mucho yuyu se oyen ruidos y se ven caras cuesta quedarse mucho tiempo pero me quedé mucho tiempo y me helé por dentro estaba temblando como como cuando un abusón viene a pegarme y no me queda otra que salir corriendo corriendo por el yuyu que cuando es mucho puede ser insoportable como insoportables son los fantasmas del sótano... hacen ruidos solo para despertarme cuando tengo que descansar para no quedarme sopa en el cole... la cosa es que estoy en el sótano oscuro ahora y lo había olvidado concentrado como estaba en la pantalla del móvil... escribo porque hace que el yuyu disminuya un poco pero al levantar la cabeza la oscuridad es tan total... lo curioso es que tiene algo que me atrae tal vez me gusta tal vez estoy loquito como dice papá... ayyy algo se movió oí como pasos no sé pero qué yuyu... mamá dice que los fantasmas no existen por eso me quedó aquí porque se que no va a pasar nada aunque tenga tanto yuyu... miro sombras por todos lados parecen personas bailando escucho voces voces que no sé en que idioma están hablando porque no entiendo nada umm creo que vienen de fuera a ver ah pues sí son dos personas hablando... vaya uno dice cosas feas maldita puta y ella está llorando como un bebé pobre chica... porqué la trata así qué malo... le dice que se vaya a la mierda me recuerda a papá cuando habla de su jefa... ahora parece que hay más luz en el sótano oscuro pasos que se alejan afuera y el tipo malo que grita espera Lili... vaya la chica tiene nombre de perrita... me debes una recuérdalo no sabía que pasarán cosas así por el barrio fue como una escena de película... no paro de bostezar pasos acercándose por la calle que mala suerte no consigo ver nada por este ventanuco... creo que ahora se paró éste es otro tiene otra voz y creo que habla solo debe estar él loquito también... dijo y ahora en qué andas metida Lili... quién será esa Lili mañana le preguntaré a mamá a la hora del desayuno... será una drogadicta que estaría haciendo por aquí a estas horas y porque aquel hombre le habló mal y porqué ese otro la estará siguiendo solo pensar que esto será el primer capítulo de una serie sin más capítulos que éste y me entran ganas de irme ya a la cama... ya las sombras han dejado de interesarme esas personas son reales son personages de una película real... me voy a cama que ya estoy muy loquito

 

3

Una casita y tres árboles al lado de un manicomio. A Lucius se lo ve bastante sorprendido por semejante contraste arquitectónico. Esa es la dirección de una de las prostitutas que llevan un tiempo acosando indiscretamente a Rosita, la amante de Piti. Lucius dió la vuelta al jardín de malas hierbas y estuvo lanzando rápidas ojeadas al interior de la casa a través de las ventanas entreabiertas. Había alguien dentro, ella probablemente, y estaba apilando ropa sobre la cama como para preparar las maletas. Oyó además el llanto de una pobre criatura, y luego la vió volver a la habitación con el bebé en brazos. Era el momento de meter las narices hasta el fondo del asunto: Lucius se olía algo raro, pues esa mujer no parecía una mala persona, pero todo el mundo tiene su "cara b" (por lo menos) -eso pensó Lucius antes de golpear rítmicamente con los nudillos la puerta de aluminio, que permaneció cerrada un buen rato, sin embargo. Repitió la llamada y ésta tuvo respuesta: la mujer habló desde dentro: váyase por donde ha venido. No me interesa comprar nada ni unirme a una secta, y que lo follen, capullo. Lucius había escrito en una nota algo así como un abracadabra, o más bien un "abretesésamo" para este caso en cuestión. En el papelito estaba escrito: Programa de Retribución Económica Obligatoria para Cualquier Utilidad a Personas al Azar (PREOCUPA). Mi asocaición tiene como función dar dinero mensualmente a gente de a pie, y hoy le ha tocado a usted. Pronunció su pequeño discurso sin titubeos y llegó a sus oídos una rampante carcajada que venía de tras la puerta. Pero de qué va usted? Es un bromista? Quitó el cerrojo y abrió un resquicio por donde asomó un sibilino ojo turquesa. Está interesada en la oferta? O desea que me vaya a no más tardar? Ella habló de nuevo: no querrá un café? Sí, claro... siempre y cuando tenga cafeína... soy alérgico al descafeinado

 

4

En un museo de cuadros dadaístas que había abierto sus puertas tras dos años de reformas, Rosita, entre gran variedad de personas y obras pictóricas y todo tipo de montajes estrafalarios. Nadie le presta ni la más mínima atención. Ella vaga por las diversas galerías sin fijarse en el material expuesto, inmersa en sí misma, en una idea obsesiva que lleva días privándola del sueño. Piti la espera en la cafetería del museo, tomándose una cerveza fría que sirve de contrapunto al bochornoso clima. Se pregunta por qué razón con tanta reforma a nadie se le había ocurrido instalar aire acondicionado. Chasquea la lengua, se levanta de la silla, camina hasta la barra, en la que deposita algo de calderilla, y se va a ver dónde anda su amante. O él está paranoico perdido o de verdad la gente lo miran raro. Se asegura de no haberse manchado la camiseta con la birra, en el proceso se le escapa un ronquido porcino que inspira la risa de un niño que lleva vestido un disfraz de mosquetero, pero ésto no le sorprende: cosas así suelen sucederle con frecuencia, y con el tiempo ha aprendido a tomárselo con humor. A la vista del pupilo espadachín arruga la frente, saca un par de dientes de rata y mueve las orejas a lo Mister Bean. Piti, no asustes al niño, dice Rosita tras él. Es que ahora está prohibido que siga ejerciendo en mi oficio fuera del horario laboral?, dijo Piti, remarcando sus palabras con cierto dramatismo. Chico, espero que no te haya asustado... Ha sido, es y siempre será un payaso... no le hagas caso. Entonces el niño desenvainó su rapier de plástico y retó a Piti a un duelo por la mano de esa chica tan simpática. Yo estoy desarmado; ya me has ganado. Rodeó la cintura de su amante con un brazo huesudo y se dirigieron a la salida del museo. Él le preguntó si había encontrado lo que buscaba y ella respondió moviendo la cabeza afirmativamente, y dijo: fué pan comido: con solo cortar un cable el sistema de alarma ha quedado completamente fuera de juego. Nadie se dará cuenta, ya que dicho cable está en el despacho del guarda, justo detrás de la radio. Y lo conozco, es un señor bastante despistado. De vez en cuando coincido con él en el supermercado o me lo encuentro paseando. Siempre me ha hablado, no sé por qué pero así es. Así que todo listo para que des tu golpe mañana mi amor 

 

5

Un hombre gordo y trajeado de oscuro desde los mocasines hasta el chapeau (que le queda más mal que bien), con un habano de contrabando en cada mano, manando humo -a cascadas que caen hacia arriba- por todos sus orificios faciales. Sobre la mesa hay un expediente marcado con un sello rojo que dice: sospechoso. Una mefistotélica cara aparece en la primera página: es Lucius. Sentada al otro lado de la mesa de caoba está Lili, mirando a quien se hace llamar "comandante en jefe de toda la gente uniformada" (o Inspector Cojetoguni) con ojos desafiantes, en los que apenas puede leerse el temor que la mantiene acorralada en ese cajón tan pulcro y ordenado como la sala de espera de un matadero. Usted sabe que solo hay una manera de librar a su compañero de acabar entre rejas, dijo el jefe de los polizontes. Y luego: mi oferta de una cena -usted y yo a solas- en La Langosta Alcoholizada sigue en pie, a espera de su contestación, señorita Liliput. Sólo necesitaba pensármelo; y, bueno, creo que ya que me invita aprovecharé para deleitarme con algún sabroso manjar, dijo Lili mientras se relamía los labios como una gata con la única intención de provocarle a aquella mole retortijones en el rabo de cerdo que debía tener por pene. Él, notablemente azorado, cogió un bolígrafo y un post-it y garrapateó la hora prevista para la cita y debajo un culo que pretendía que ella interpretara como un corazón. Puedes irte, pero no sin besar mi anillo. Lili hizo como que lo acataba -no más que frunció los labios sin tocar el diamante incrustado a la moldura de oro-  y en el acto se percató de que esa bola de mierda estaba eyaculando blanco en sus negros pantalones... Le entraron unas ganas irrestibles de vomitar, y lo hizo encima de él, hecho este que lo excitó más todavía. Así que Lili se limpió la boca con una de las solapas de la americana del (pez) gordo y se fue a toda prisa, no sin antes haberle susurrado al oido: para la próxima te daré a probar mi mierda, mi glotoncito. Mi Liliputita -ella escuchó esto y estuvo a nada de dejarse llevar por el odio y estrangularlo sin dilación, pues también era así como la llamaba la loba de la clase en el bachillerato-, hastapronto, dijo el babeante Cojetoguni sin desclavar su viscosa mirada del trasero de la rubia despampanante que juraría haberse embolsado. Mientras salía de la comisaría el bárbaro que controlaba quien entraba y quien se iba silvó -fuuiii-fuuuiiiuu-. Lili hizo el amago de darle un morreo que fué la tapadera que encubrió el hurto de su pistola reglamentaria, y se traspapeló entre la masa de transeúntes que llenaban las calles, en busca de una cabina: tanto le urgía tener una instructiva charla con Lucius, quien, según evidencias irrefutables, se había vuelto a meter en un lío tan gordo quizás o más que ese dichoso Inspector Tocajones

 

6

Quién es Edmundo Rottweiler? Juana María, la prostituta que supuestamente había estado acosando a Rosita, le contó a Lucius que ese personaje es lo más siniestro en quilómetros a la redonda, y que tiene a medio mundo a su disposición y capricho, bajo la amenaza de su machete... Pero cómo es que Lucius nunca jamás había oído hablar ni una palabra acerca de él? Tal vez en los últimos tiempos se ha aposentado demasiado... Sabe que debe volver a patear las calles, a colarse en los tugurios, a espiar conversaciones ajenas, a pescar detalles, signos que podrían conducirlo a deducciones más aproximadas a la realidad presente de la sociedad en la que vive -desencajado, como una pieza de puzzle que ha venido defectuosa de fábrica-, atajos directos hacia conclusiones que actualmente le resultan inimaginables... Ese tal Edmundo Rottweiler (apellido real, confiando en Juana María) parece ser que es el brazo mas fuerte de una mafia que recientemente ha surgido de las sombras como una bandada de murciélagos para comerse los frutos de un puñado de negocios que los representantes de la ley tienden a pasar por alto, dejándolos totalmente desprotegidos... Y ahora Lucius se pregunta quién será el pez gordo, el titiritero que mueve los hilos de ese gánster. Como no se le ocurre nadie que encaje con el perfil (indefinido, castillo en el aire...) se deja caer sobre el escritorio y duerme una efímera siesta. Lola lo despierta quemándole un talón con la llama del cipo del detective, quien pega un brinco con tanta potencia que impacta su coronilla (y aplana su pelo punky) contra una grieta del techo, causando una ligera lluvia de partículas de pintura seca que les pinta a ambos los cabellos de un color tan blanco que si un extraño los viera ahora los tomaría por una matrimonio de octogenarios. Sin perder el tiempo (sí la paciencia) la secretaria lo apremió a que se pusiera manos a la obra, y le recomendó que empezase por tratar de localizar a su ayudante, que no daba señal



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