Alberto Escobar

Un poquito de vikingos

 

Laudrup se enterró
conmigo, a mi lado izquierdo. 

 

 

 

Era una fría mañana de octubre.
El fiordo Lungren, al oeste de las tierras altas, crujía de frío 
ante el adelanto que las nevadas había experimentado ese año.
Este frío, más propio de enero, quiso hacernos una visita para que fuéramos
tomando conciencia de la travesía que nos esperaba en este poblado, que fuéramos
pertrechándonos con antelación de todo el abrigo necesario para atravesar el invierno que 
se avecinaba y que para muchos será el último. 
De noche, cuando las estrellas arriba pesan tanto que no se escucha un alma, oía toses
de niños casi nacidos que me encogían el alma, me temí lo peor...
De momento iba resistiendo —es verdad que al respirar notaba un leve pitido que brotaba
del pulmón izquierdo, pero no es nada, creí—, mi salud siempre gozó de buena reputación,
aunque los años no pasan en balde. 
Ya es de día. Doy gracias a Dios por este regalo, por poder ver el denso verde que rodea 
el fiordo y por poder disfrutar de mi gente, de mis arenques y demás delicias que me da
la tierra. 
Laudrup, mi fiel escudero, era quien me despertaba exacto como las campanadas
de una iglesia que no existe en estos contornos. Me preguntaba si deseaba desayunar 
otro alimento que no fueran los arenques en vinagre; que sería mejor para mi salud
que extendiera la paleta de mis viandas, más verduras y frutas naturales, de esas que tan
generosamente se ofrecen cerca, allá abajo, en la entraña del bosque.
Es verdad que tenía el colesterol alto y debía tener precaución con aquellos platos
que tanto me gustaban pero tan traicioneros eran, pero...
P.D. No sigo porque no pretendo escribir un relato largo ni una novela, y no creo que siga
con esta historia, por lo que...
Lo siento. 

Ver métrica de este poema
  • Autor: Albertín (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 20 de noviembre de 2022 a las 12:10
  • Comentario del autor sobre el poema: Los prolegómenos de mi funeral. Un barco magnífico que arderá en llamas...
  • Categoría: Gótico
  • Lecturas:
  • Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, David Arthur.

Comentarios1

  • MISHA lg

    tiene mucha emoción tu cuento poeta gracias por comaprtir
    De noche, cuando las estrellas arriba pesan tanto que no se escucha un alma, oigo toses
    de niños casi nacidos que me encogen el alma, me temo lo peor...
    De momento voy resistiendo —es verdad que al respirar noto un leve pitido que brota
    del pulmón izquierdo, pero no es nada, creo—
    besos besos
    MISHA
    lg

    • Alberto Escobar

      Me alegra haberte emocionado Misha. Un abrazo,



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.