Rafael Parra Barrios

Margara, impronta de la familia

 

 

Margarita Pinto Corro en el matrimonio de Nora y Pedro.

 

Margara, impronta de la familia!

 

Una dama en su máxima expresión, fue Margarita Pinto Corro, mujer sanfelipeña, colmada de fe, valores y principios que la guiaron con reciedumbre por los caminos y desafios de la sociedad. 

Mujer de lucha incansable por lograr mejores condiciones de vida, que a través del tiempo cristalizó, dando lo mejor de su calidad humana al prójimo y a su entorno.

En nuestro hogar vivió por más de 25 años, tiempo en que asumió el papel de madre abnegada, abrigo de la familia, regando bondad en la senda.

Con su gentileza y vocación de servicio se ganó el cariño de todos, empezando por nuestros hijos, Patricia y Arito, mi madre, Mercedes María, hermanos, nietos, amistades y por supuesto, mano derecha de Bertha y en lo personal, apoyo fundamental en la cotidianidad y más allá.

Una personalidad afable y una capacidad de hacer bien todo lo que se proponía, la caracterizaron. Nuestra familia la amó hasta el final. Fue un honor y un privilegio tenerla cerquita, participando en los diferentes acontecimientos, como, por ejemplo, el matrimonio de Nora y Pedro, en donde estuvo en primera fila, engalanando con su hidalguía ese encuentro sagrado.

El sublime reconocimiento que amalgamó se lo ganó por su gentileza, por ese amor que le brindó  a nuestros hijos y nietos, inculcandoles sus cualidades y en general, atendiendo  la casa común.

En las artes culinarias tuvo un destacado desempeño, ya que sus comidas eran exquisitas y levantaban los mejores comentarios por parte de los comensales. Cualquier plato por ella preparado, impactaba, porque su sazón era suculenta y deliciosa, de rechupete, pues.

Margarita fue una mujer muy noble y caritativa. Ir a su casa, allá en Marin, era de su parte, la bondad, expresandose. Al llegar, aparecía con su café guayoyo y empezaba la conversación. Inquieta, se paraba y revisaba la cocina a ver que encontraba. De repente se aparecía con unas arepas con cochino frito y dusfrutabamos su cortesía.

Su lado humano destacaba, y así era con su familia y sus amistades, siempre mostrando la cara de la solidaridad, la mano amiga y oportuna. Nada era de ella. Todo lo que tenía era de los demás. En una ocasión le conseguí un trabajo en la administración pública, y me dijo, lo acepto, pero sí es para Cristina. Y así fue.

Margarita forma  parte de nuestra historia familiar y realmente nos marcó para bien y para siempre. Ese vínculo nos permitió viajar juntos a varios destinos del país. En una oportunidad fuimos a Mérida y allá se ganó el cariño y admiración del tío Tirso, por su bonhomía y manera de ser, calificandola como una impronta de calor humano que había llegado a su gélida población.

Margarita se elevó al Reino de Dios, un 20 de octubre de 2013 y desde entonces la recordamos con cariño, exaltando su peculiar personalidad, la que conquistó con su natural forma de ser.

Descansa en paz, querida Margara, eterna flor de la estirpe de nuestra familia.

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