Carlos Fernando

Como destellos fugaces entre brumas

 

 

 

 

Como destellos fugaces entre brumas,

filtrando la criba del follaje de pinos.

Tocando la nieve derretida,

oteando el viento frío

de una mañana de febrero.

Bajando por la autopista,

y trayendo consigo evocaciones

de una canción cuyo nombre y letra

no recuerdo más allá

de unos cuantos compases

y unas frases vagas.

Así

furtivo tu recuerdo se presenta

como esas luces de estrobo

que destellan arrojando siluetas

plateadas luego negrunas,

tres o cuatro veces por segundo

visible al ojo en una secuencia entrecortada

estática y cinética.

Grabado en la virtual película

de la memoria, del pasado remoto.

Archivado en alguna

escondida gaveta del cerebro.

No estás presente tú,

es tu recuerdo sólo,

fantasmal, etéreo,  que se atisba

en el viento de otoño.

Si no te dice nada este poema,

no me importa, para mí lo dice todo.

Y basta.

 

 

Comentarios3

  • STELLA_CRISTINA

    estática y cinética.

    Grabado en la virtual película

    de la memoria, del pasado remoto.

    Archivado en alguna

    escondida gaveta del cerebro.

    No estás presente tú,

    es tu recuerdo sólo,

    fantasmal, etéreo, que se atisba

    en el viento de otoño.

    Si no te dice nada este poema,

    no me importa, para mí lo dice todo.

    Y basta.

    ESTE POEMA DICE Y TRASLUCE MAS QUE TODO.TE FELICITO .STELLA

    • Carlos Fernando

      Con sincera humildad, agradezco tu comentario.
      Shalom

    • Graciela Dantes

      Pues me parecio buenas las frases de la canción, muy diferente
      su creacion en el poema, me agradó.

      un saludo cordial

      • Carlos Fernando

        Graciela Dantes Muchas gracias por leerme, gracias por tu comentario.

      • Valeria

        Es un usted todo un poeta, un grande entre las letras.

        El fantasma del amor no solo se hace presente entre los poetas también los que no lo somos. Un placer leerle

        Saludos

        • Carlos Fernando

          Valeria, agradezco ampliamente tu comentario, y más que envanecerme por la bondad de tus palabras, las recibo con humildad sincera, como el más bello regalo -inmerecido- que he recibido hasta hoy por lo que escribo. Y sin duda, ponderados elogios por la generosidad de tu alma sensible. Lo atesoro.
          Shalom, hasta muy pronto. Y me disculpo a la vez, por mi tardanza en corresponder a tus elogios, pero hacía muchos meses que no me asomaba a esta ventana.



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