ROGER LUNA

UNA MUJER DISTINTA

Existen muchas mujeres distintas: aquellas que no leen poesía, aquellas que no compran libros, son aquellas que toman café de cebada en lugar de capuchinos en Starbucks, aquellas que no saben quién es Vargas Llosa, ni Vallejo ni Arguedas, pero se saben el camino a las escuelas, universidades, cines, bibliotecas o museos, por que por ahí venden sus golosinas.
Estas mujeres, tienen callos en los pies y en las manos, tal vez tienen caries, tienen las uñas resquebrajadas, patas de gallo y juanetes y no tienen los dientes completos. No usan desodorantes ni perfumes, menos aretes y collares. Solo una liga para recoger el pelo
Son las mujeres que trabajan fuera y dentro de casa más de 14 horas, que llegan cansadas después de subir decenas de escalones hasta sus humildes moradas y aun les sobra tiempo para traer agua, lavar, cocinar la cena y para el día siguiente. 
Son las que laboran en restaurantes, oficinas, fabricas o talleres, lavando, limpiando, ordenando etc, y no usan carteras de diseñador. Ellas usan bolsas de plástico morrales o mochilas.
Son las trabajan a pesar suyo de anfitrionas en bares, fondas, prostíbulos o en la esquina, que consumen su vida, camufladas bajo el maquillaje y las sombras de la noche para que el hijo que ignora su labor, pueda estudiar.
Son aquellas que no usan más que 3 Soles de recarga en un celular básico con los números despintados y la pantalla quebrada para estar al tanto de sus familias, de sus hijos.
Son también las de mala ortografía (si escriben), las que no firman a menudo, y a las que acusan de falsificar su firma, las de las fiestas patronales, las de las fiestas chicha, o las de las polladas vecinales.
Las que van al mayorista o al mercado del barrio, las que en vez de viajar para hacer turismo o comprar en centros comerciales o asistir a conciertos, van a pasar su domingo a un parque zonal o se van a sentar simplemente a la orilla del rio, aunque éste, esté sucio.
Son las mujeres "sin maestrías ni doctorados" pero más honestas, solidarias, o compasivas que las que sí las tienen.  Son las que son capaces de dividir lo poco que tienen para compartir su comida con un perrito sarnoso que recogieron de la calle.
No son abogadas, ingenieras, arquitectas o doctoras que viste elegantes conjuntos o abrigos de paño... Son simplemente mujeres con vestidos de tocuyo, poliéster y abrigos baratos de tela polar que no usaran zapatos taco aguja, pero si una zapatilla básica.
Son las menos agraciadas según los estereotipos de moda y belleza racial, pero las más aguantadoras, guerreras, fuertes, que con sus hijos en la espalda salen a vender desayuno en su carreta desde la madrugada.
Son las que tienen el Corazón más bello y tierno... son las que alimentan con una porción de su comida a los indigentes que se acercan y dejan algo de su ración para los perritos abandonados.
Son aquellas que impulsan la autogestión en los comedores populares y que se las ingenian para producir el desayuno y el menú del día y qué al terminar sus labores, mientras ven el noticiero, aún sus manos siguen tejiendo alguna prenda para su niño.
Son las que enseñan valores a sus hijos... a ganarse el pan con el sudor de su frente, a dar los buenos días, buenas tardes, permiso, gracias y a pedir por favor, y siempre con una sonrisa.
Gracias estas mujeres la economía del Perú resistió, sigue resistiendo al flagelo de la violencia, el terrorismo y la corrupción. Gracias a estas mujeres por ser la reserva moral y ética del país... 
Cuando veas a una hermana mujer trabajando en la calle, respétala, admírala y si puedes, no le beses la mano... bésale los pies... Cristo estará complacido.



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