Angel Montenegro

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Jamás dejaré que mi corazón te eche al olvido María. Eres polvo en mí, eres el amor, la epístola misma. Quiero que me duelas en lo alto del pecho la eternidad.
No puedo desistir de irme enamorando. 
Ella ha entrado a mi vida, y si bien he aprendido por ti: es a amar, amar, amar.



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