Pablo Lorenzo Garcia

El Hombre del espejo

     Me encontré buscando en el olvido a la mejor versión de mí mismo. Y entre páginas electrónicas que nunca abrí, apareciste tú, pero la extrañeza de encontrarte me hizo perderme distraído mirando si en verdad eras o no eras. Era tu voz, pero no tu figura, dude al principio, pero tu mirada lo descubrió todo. Había algo conocido en ella, creí haberla visto antes, esos ojos claros color café no eran tuyos. Pero tu voz inconfundiblemente de otra me hacía recordar nostalgias de ti y tu imagen perdida en el viejo espejo. Tú seguías hablando como solías hacerlo cuando estabas en vida y para asegurarme extraje un viejo paño húmedo de lágrimas tuyas con el cual me dispuse a limpiarte en el espejo. Contabas historias, pero tus temas me parecían conocidos, hablabas de erotismo, libertad religiosa, espiritualidad y tantos más y tu forma de expresarte se oía distante y distinta. Seguí limpiando tu espejo, tu imagen fresca, tu cabello suelto, tu piel dorada, tu sonrisa y tu risa... Eras tú.

     Eran ya muchos años desde tu partida y tu trombosis repentina que te alejo de mí. Mientras más pulía tu imagen me parecías menos tú y no atinaba si pudiera abrazarte de nuevo, aunque fuera un segundo. Cuando apenas creí terminar de limpiar mientras seguías conversando y seguíamos confrontando puntos de vista complementarios.

De pronto cobro sentido lentamente tu voz en mis ojos, esa voz que era lo único que podía ver de ti, duramos dos noches de bendito insomnio mirándonos ciegamente y cuando dijiste te amo descubrí que tú eres la mejor versión femenina de mí mismo. Cuando por fin quedó limpio y seco ese espejo apareció un hombre doliente en silencio que era solo él.

Hombre que limpiaba el espejo con tu voz.

 



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