Nik Corvus Corone Cornix

Entre Sedas Negras y Flores Desnudas

Entre paredes de espiral y puertas de hierro
se cuece esa historia contada
por pequeños tallos y flores,
los cuales dicen a oídos del Hombre Débil
cómo el Hombre Fuerte tomó fuerzas
para no doblegar, y levantar
paredes y corazas de desprecio.

La leyenda cuenta que convivían en un cuerpo,
cuyo dueño tomo la drástica decisión de la soledad,
y partió en un viaje hacia el hogar, que duró
cuatro veces la vida de la tierra misma.

Finalmente al llegar a destino,
y sin reparar en la realidad
el hombre débil se despidió súbitamente
de su hermano fuerte,
encerrándose en un llanto interno
de oscuras maquinaciones,
porqués sin infraestructura
y vientos de pesares maquiavélicos.

Mediante una profunda meditación
y un cántico alarmante,
el Hombre Débil sucumbió bajo una seda
tan bella y asesina, entre
fangos esmeraldas y soretes nauseabundos,
se aferró a criaturas de terciopelo sin vida,
implorando que la muerte llegue.

El sueño fue eterno
y su hermano fuerte no pudo despertarle,
mientras que el hombre débil se enarbolaba
en una batalla silenciosa y calma,
aunque de por sí vibrante y alarmante,
sufrió por doquier y preguntó,
buscando en su propia corteza
quién era, para qué estaba hecho,
a quién debería otorgarse.

Las putrefacciones sin vida lo tapaban
en una dimensión donde
los colores apaciguantes
se confundían con olores,
los sentidos ya no servían,
apagados, sin uso,
la moral no atendía,
los minutos eran milenios
y los gusanos carcomían la carne.

Mientras,
el Hombre Fuerte decidía cubrirlo con corazas,
mas la fuerza no venia hacia él,
como si en el sueño del otro
se hubiera desvanecido y apagado,
no lograba obtener esa finura
y esa entereza que corresponde
a la necesidad de sobrevivir.

Torpemente trató de levantar paredes,
ladrillo por ladrillo,
se puso el objetivo de proteger a su hermano
mediante un palacio,
pero se cansó y desesperó,
tan sólo atendió al cansancio
y se desmayó paupérrimo
en un caer estrepitoso.


Luego de un tiempo,
es despertado por el sonido
de un tallo fértil que se desprendió del suelo,
es hermoso, debilitante,
fornido y auspicioso.

El tallo va creciendo,
a medida que los ojos de sorpresa
del hombre fuerte se agrandan
y creen continuar en las nubes.

De la majestuosa plantación
nace una tremenda flor dorada,
hermosa como mil lunas,
tan pero tan alegre y dispar..

El Hombre Fuerte cree soñar,
se observa entuerto y carcomido
cuando la dulce flor se abre,
y aparece en su vientre
una desnuda
dueña del jardin eterno de las vanidades.

La corteja en un baile que conspira
contra la omnipresente oscuridad del lugar,
se ríen y autoconvencen
de lo propios que son el uno para el otro,
pero aun así, no logran conservar
más de una milésima ese vínculo
que dará fuerzas al profundo guerrero.

Luego de observarse como cazadores a presas,
ambos se tuercen y desnudos se funden
durante un tácito y fenomenal momento,
en el que se aman como esposos, dos veces,
la primera tan insegura, espontánea y dulce,
la segunda tan fuerte y maciza como robles.

El Hombre Fuerte toca el cielo y mas allá,
surca océanos y se nutre
de largas bibliotecas divinas,
sorprende en su accionar a propios y ajenos,
se convierte en mucho mejor hombre,
más fuerte aún,
y pensativo.

Comparte su todo
con esa genial y dantesca dueña desnuda,
con pechos de maravillas
y andar de maga sabia,
pero en un suspiro, ésta desaparece,
como si nunca hubiera existido.

El hombre fuerte se equivoca,
utiliza la fuerza obtenida para buscarla,
en vez de alzar a su hermano,
llevarlo hacia latitudes mas prosaicas
y no tan calladas.

Mediante una hazaña encofrada
en búsquedas inauditas,
la encuentra
luego de contar a mil personas y más
como esa flor de terciopelos de colores olía.

La invita a entrar al pequeño castillo,
el cual se encuentra a medio empezar y desnivela,
otorgando por doquier
esa funesta incompetencia del hombre fuerte
para con la construcción de corazas.

La invita a conocer
a su dulce hermano débil
que yace, batallando internamente
en un pozo de barro y estiércol oscuro.

La noble y desnuda flor
de petalos amarillentos
parece reirse,
brindándoles a ambos
un desprecio y rechazo
comparados a relámpagos de dioses
sobre campos delicados.

La desnuda
con pelos de lianas
y saltos de gacela
se retira
como lo hace la luz del día durante la noche..

El Hombre Débil,
quien habia abierto un ojo durante la visita
se encumbra más y más
en un hundimiento
hacia infiernos profanos,
el Hombre Fuerte calla, mira al suelo,
y se vuelve negro,
jurando nunca más reir ni alegrarse
por nada de este mundo.

Entre paredes de espiral y puertas de hierro
se cuece esa historia contada
por pequeños tallos y flores,
los cuales dicen a oídos del Hombre Débil
como su hermano forjó
un castillo gigantesco
durante centurias,
combatió rechazos imberbes
aún a merced de su impronta feliz,
tomó su bravura y la donó
al servicio de ese hombre débil
que ya salía victorioso
de su batalla interna,
renovado.

Este Hombre Débil despierta
un día en que la guerra predomina,
fuera se escuchan gritos y explosiones,
pero eso no lo inmuta.

Lo que logra devolverlo a vida
es una pequeña gota que entró
por alguna pequeña ventana del mausoleo,
y fué resbalando entre rescoldos y techos.

La gota es nada más y nada menos
que una lágrima del mismo Dios,
el cual la derramó en el momento
en que el Hombre Fuerte vencía
al demonio más oscuro
visto en la tierra y otros páramos.

La dulce gota de compasión
dá felíz en la frente del hombre débil,
éste se levanta finalmente,
deseoso de amar.

Se hace amigo
de unas pequeñas y dulces malvas
que crecieron derredor suyo,
formando un contorno.

Éstas le cuentan lo sucedido,
el Hombre Débil asoma su oreja
y la apoya en las frías paredes,
logra apenas escuchar
a miles de palomas conversar
con su hermano fuerte.

Grita desaforado de alegría,
llamándolo por su verdadero nombre:
"Fortaleza!! Fortaleza!!
Dónde me has metido, me has protegido?
Deja ya de charlas y ven aquí,
llévame donde otras criaturas
puedan escuchar y vivir
lo que tengo para mostrar."

El Hombre Fuerte trata de explicar,
y hablan mediante la paloma
más joven de todas,
quien susurra entre ladrillos,
enviando recados.

Entre hermanos se prometen dos cosas,
el fuerte le promete
que traerá la llave de su encierro,
que lo sacará de allí
y lo llevará a tierras sagradas,
el débil promete
no ahogarse en la soledad,
promete ser paciente
y dar un poco de lo que tiene que decir
a las palomas,
para que se lo digan a una princesa encantada.

Las palomas llevan el recado,
el cual vuelve, al parecer
con una respuesta prometedora
aunque fugaz e insulsa.

La esperanza reina en el lugar,
de la cual sale como inventado por un ángel,
un blanco caballo de crines majestuosas,
peto fortalecido, y copas tremendas.

El Hombre Fuerte
carga con todas sus armas y defensas,
y monta a Esperanza,
quien lo llevará cabalgando
en un viaje eterno e inspirador,
soportando decepciones
y tomando fuerzas
de cada trago de bondad y amistad.

La Fortaleza cabalga rauda
subida a una Esperanza,
mientras las Ganas de Amar
despiertan y esperan pacientes,
comunicándose a través
de blancos Elogios y Halagos
con una Princesa Poetisa que enamora.



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