Pedro Elías Martínez

NN

Le habían quitado la ropa, los pies,
faltaban las manos y los ojos.

Cortaron la soga que lo suspendía del urapán
y lo envolvieron en bolsa de plástico.

En la vereda no lo conocían. nadie lo había visto.
ninguno fue su amigo.

Una mujer miraba desde el cerro.

Cuando se fueron. vino la mujer
y escribió un corazón en la puerta del árbol.

 

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