Pablo Lorenzo Garcia

Cuando el Hijo de Dios se enamoró

No le importo descubrir si era puta,

Si hubiera amado o no a otros hombres que invadieran su piel con permiso de su libido, Él lo sabría de antemano y no le importó aún eso para amarla.

 

Ella fue sincera y le confeso una a una sus experiencias mundanas con la frescura que una niña dice una mentira.

Él fue su confidente de amor y de aventuras, y ella le confió su alma desnuda y su cuerpo caliente frente a otros hombres, muchos.

Le confió que nunca les cobró porque abiertamente lo hizo porque así lo decidió libremente.

No había pecado por qué así era el juego del amor y su lujuria era solo el placer del encuentro de dos cuerpos y sus pieles sensibles, era la intensión de la temperatura de su piel de niña.

 

La sexualidad de Magdalena parecía una lascivia ante los ojos de otros hombres y otras mujeres que acusaban y señalaban con el dedo hiriente a la mujer por puta, pero nunca vieron en los ojos de Dios el amor con el que Él vería a su pequeña puta divina, la puta de sus ojos.

Muchos hombres la asediaban, esos si con la lujuria de un pecador empedernido disfrazado de santidad, pero ella amaba su placer sexual con ternura y sencillez, como un furor uterino, un impulso amoroso que describe el roce de la piel como caricia que resalta los poros abiertos del amor placentero. Su divino clítoris, su deidad en vulva, sus genitales pletóricos de luz de una madre divina en su espíritu.

 

La confianza en el dios filial era tal que le contaba cada historia y cada episodio de sus historias, aun cuando Jesús enrojecía su rostro de pena ajena, ella le encantaba narrar sus historias santas de erotismo sagrado y divino. Cuando de pronto Jesús se quedó callado, mudo de vergüenza y de pena, y escondió en sus mejillas una lágrima divina dulce y no salada. Magdalena sabía el motivo del silencio divino de Jesús y los colores se le subieron al rostro…

Ninfas y sílfides rodearon a Jesús en vez de ángeles y querubines para rociar de luz divina su piel filial de un dios

el hijo de dios se habría enamorado de aquella dulce puta erótica y divina.

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