A una perrita genial
La muerte se hace pequeña,
para caber en el soplo más diminuto de la vida.
Te me fuiste,
cuando tu corazón quería seguir latiendo en mi mano,
tus patas arañaban la vida, y yo cobarde,
una noche me basto para matarte,
no soporte el terror en tus fauces,
mientras entibiabas mi mano que te poseía,
el resto de mi cuerpo la frialdad resguardaba.
El veterinario dijo que podrías durar aun días,
Que tu respiración dificultosa vencería a tu corazón
Yo accedí a la inyección: tres dosis para un cuerpo menor de 20 kilos
Uno de ellos directo a mi corazón, aun lo siento encajado
Y tú, conservas tu calor…

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Comentarios1
Retrabajado ya madurada la emoción:
Toallita
La muerte se hace pequeña
para caber en el soplo más mínimo de la vida.
Te me fuiste
cuando aún querías quedarte
en el temblor de mi mano.
Tus patas buscaban la tierra,
rasguñaban el aire,
y yo,
cobarde de amor,
no supe sostener el miedo
que respiraba en tus fauces.
Te sostuve
como quien sostiene el último resplandor
sin atreverse a mirarlo de frente.
El veterinario habló de días,
de una respiración vencida
antes del final.
Y yo asentí.
Como si asentir
no fuera también romper algo.
Tres gestos,
tres sombras,
y el silencio entrando
donde antes habitabas.
Dicen que fue para aliviarte.
Pero aún siento
una aguja encajada en el centro de mi pecho.
Tú, en cambio,
conservas el calor.
Como si la vida,
en el último instante,
hubiera decidido
quedarse entre nosotras dos.
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