Ben-.

Paraje mediterráneo-.

Descendimos la cuesta blanca, llena de balcones con geranios y otras flores inéditas, que yo solía desconocer, entregados al placer de cogernos de la mano mientras el sol crecía y se ponía rojo y hacía las veces de un farol grandioso. En la luz escurrimos el bulto, fingíamos tener de todo, pues carecíamos de casi todo. El cuerpo era lo único que poseíamos y por tanto, lo único que nos representaba. Algo así como un emblema. Nos caíamos, sonámbulos, borrachos de luz y de calor, en mitad de la pendiente, resbalando por el suelo lleno de humedad. Procedíamos entonces a aligerar nuestra carga, de zapatos sucios y libros peores, de carteras insensibles que portaban los utensilios de la escuela. Despreciando todo ese peso insoportable, admirábamos las calles que acogían nuestra algarabía, nuestro bullicio soleado y en el fondo, solitario.

 

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Comentarios1

  • Sami Sanz 🦋

    Me hiciste recordar mi niñez, cuando lejos de preocupaciones, echaba a volar la imaginación apreciando la naturaleza y soñando con un mundo hermoso.
    Si había carencias, no las sentía, papá y mamá lo resolvían.

    Gracias mi querido amigo Ben.
    Es lindo leerte.

    Como siempre, hiciste volar mi imaginación con las imágenes de tu poema.

    Un sentido abrazo.

    Sami.

    • Ben-.

      Muchas gracias Sami, es inevitable recuperar la niñez y la infancia para no sentirnos alejados de todo y de todos, en este mundo hostil que hemos creado. Me alegra que te gustara, un abrazo amiga!!



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