Limoneyes

Una carta para nadie


AVISO DE AUSENCIA DE Limoneyes
A veces no sé que escribir, otras veces me da miedo lo que escribo y otras tantas, no me gusta. –Limoneyes



No sé que decir, y la verdad ya no me sorprende. Nunca he sido buena con las palabras, nunca he sido buena para responder y menos para decir de forma clara y sencilla lo que siento. Lo sé, es tonto, pero es una tontería que siempre ha estado conmigo y nunca me he esforzado en cambiar, como muchas otras cosas que hago, pienso, digo. 
Nunca me esfuerzo, y esa también es mi verdad ¿estoy orgullosa de ello? no ¿haré algo para cambiarlo? tampoco ¿para qué negarlo? al final es y siempre será mi realidad, no importa cuanto lo niegue. 
No sé por qué te escribo esto, y la verdad tampoco me sorprende, es lo que suelo hacer, es, al igual que todo lo demás, mi realidad, es lo que me hace ser quien soy. 
Justo ahora estoy escuchando Fuyu No Hanashi en un formato que me encanta, me hace sentir parte de la música, como si estuviese ahí, justo en frente de todo aunque no sea real, mientras cae la lluvia, porque si, tiene un efecto de lluvia, y  no escucho nada más, solo la canción, ni la televisión que está encendida, ni a mi mamá que está en la cama de arriba, ni a mi prima que está jugando en mi computadora en la habitación de alado, tampoco escucho a los perros, es como si no existieran, es como si solo fuese yo y la música, solo yo y el grito desgarrador de Mafuyu, justo ahora al 100%, una y otra vez, en bucle. 
Hoy me vi al espejo, realmente me ví, observe todo, mi cara, mis ojos, mi nariz, mis labios, mis cejas, mi pelo, mis orejas diminutas, mi boca, mis dientes, mi lengua, lo observo detallada mente, cuando frunzo el ceño, mi mirada, mis muecas, como aprieto la mandíbula cuando algo no me gusta, observé mi cuello, lo corto que es, proporcional a mi estatura, observé mis hombros y como se marca un poco el hueso, la marca de una vacuna, mis clavículas que se van notando cada día un poco más, mis brazos, flácidos, blancos de un lado y  bronceados del otro por el sol, observé mis manos, el cómo se nota un poco el hueso de las muñecas, mis dedos, ni tan finos ni tan gruesos, masculinos, descuidados, un poco torcidos y, con algo parecido a una bola dentro del dedo central izquierdo que a veces duele, observé el cómo se me marcan las venas al hacer presión o simplemente tenerlos hacia abajo, como se me marcan un poco los nudillos cuando cierro la mano  y hago un puño, sigo observando, miro mis pechos, ni tan grandes, ni tan pequeños, las líneas que tengo, como grietas, en algunas partes de ellos, observé mis lunares,  mi abdomen, ni tan plano ni tan grande, mi diminuta mancha al lado izquierdo del ombligo, observé el como si tomo aire se me marcan un poco las costillas, observé mi ombligo el cuál no es hundido como el de otros debido a la forma que lo cortaron, luego observé las líneas, como grietas también, que se me hacen a los lados en la cintura por la subida y bajada de peso constante, o eso quiero creer, observé mis piernas grandes pero no tanto como antes, mis muslos gruesos y suaves, mis pantorrillas un poco más pequeñas y  menos fuertes comparadas a cuando practicaba algún deporte, miro mis pies, a quienes igual que mi mano se le marcan las venas, pies largos, observé mis dedos de los pies igualmente largos,  torcidos, como si se encorvaran, huesudos, mis uñas para nada cuidadas, cortas, miro mi espalda, como se marca una línea en medio si me paro recta, miro los hoyuelos que se me hacen en la espalda baja, observe mi lunar sobre mi nalga izquierda, la mancha de nacimiento, el cómo se ve más pequeño que antes, observe todo, cada parte de mí, y nada. No sé si todo esto que acabo de decir tiene sentido, no sé por qué me dieron ganas de escribir sobre eso, como no sé el por qué, justo ahora al escuchar el aullido de dolor de Mafuyu se me han salido las lágrimas. 
Espero no te abrume esto que te digo, como espero que no te preocupe, estoy bien, hoy he estado mejor que cualquier otro día. 
Y es todo, ya se me han ido las ganas de decir lo que pienso, y la verdad ya no me sorprende, siempre es lo mismo conmigo. 


—Limoneyes



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