Tras un vino que sonsaca socarronas sonrisas, y de entre los labios logra que se caigan las palabras.
Me disperso entre pensamientos que anidan en mi cabeza el deseo y la imagen de una mujer desnuda; toda la poesía que creo poseer.
No quiero más rimas, no quiero más rimas.
Nunca aprenderé a jugar con la belleza de las palabras, así como nunca lograré oponerme al recuerdo de esa mujer.

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Conocí personalmente al escritor argelino Kateb Yascine, autor y creador de la corriente La primavera árabe, fue en La Universidad de La Laguna y fue él el que me dijo que todo lo que había sido capaz de escribir fue bajo los efectos de la grifa, una hierba alucinógena muy corriente en Tamazgha, Norte de África. Decía que era bajo esos efectos de ensoñación cuando más lúcido se sentía para escribir. El vino no se queda atrás en la causa de los mismos efectos.
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