Eduh Siqueiros

FUEGO VIOLENTO



Un día llegaste tan serena,
extendiste tus alas
y me refugié en tu cálido amparo,
tus ojos iluminaron mi alma
y tus labios reactivaron mis sienes,
reposé mis inquietudes en tus senos;
mas de pronto has volado
y por tu estadía pasajera
me he quedado desconsolado.
Fieras despiadadas por la pradera
corren y llevan fuego violento
en las patas que al contacto
incendian hasta los ásperos nervios
de la superficie plagada
de acicate inflamable
y las llamas queman
hasta las entrañas del subsuelo.
¡Ay!, por qué mi piel se resiste
a ser devorada por la hoguera
que se acrecienta desmesuradamente
alcanzando los bosques
donde están los árboles
que intentan llenar sus ramas
de verde esperanza.
Las bestias liberadas son restauradoras
propagando la ignición:
consumada la materia muerta
resurgirá el follaje;
empero, resistiéndome a ser devastado
lucho contra el fuego
que calcina mis pastizales
y sin dejarme calcinar fenezco
en esta desgastante ofensiva.
Sólo hasta que la parte orgánica
de mi consistencia sea carbonizada
serán liberadas las moléculas
vitales de mi ser.
Me reconstruyo con tus vestigios imborrables,
porque tus pasos me mostraron
la senda de la vida
más allá de la existencia.



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