Franco N. Elizondo

Sobre lo que no somos, y sí.

Nada intuye esta ciudad extinta

tras de mis hombros a punto de la fuga.

Cuando la izquierda mano extravía

su pacto de azules memorias

y zozobra bajo un mordaz presagio

de pájaros negros, el tigre de mi torso

firma nuevos nombres con la sangre

de sus ojos y el magenta en la piel 

de una Rossameli desnuda.

He visto el guiño nimbo

de sus gacelas de oro 

como la bienaventuranza

de Margarit entregada:

-la desnudez invisible no se mira,

acaso en los espejos del agua-.

 

Franco N.E.B



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