Indira Pochtaruk

Treinta y tres años

Eh el querer vol ver 
el golpe del golpe, 
el criollismo en la boca 
de tanto pueblo migrante 
y apaciguable 
en una sola gota. 
La mano ruda, 
casi apestada, 
de eso que era 
un río a pescar se
durante los tiempos 
de lo que sé 
que no supe ser, 
y el ruido 
tras la bocina futura 
treinta y tres años después.  
Aguarda la caña 
y el pez más gordo que vi 
de este lado pasado 
de este río ya gris, 
tras el rumiante aparato 
del pasar de un tiempo 
que no es tiempo 
porque no lo viste ir 
o caer en sol do re mi, 
y que fue 
a pesar de la corriente 
álgida y vieja, 
y a pesar de vos, 
perezosa, 
matricialmente tonta, 
creyendo 
que el río se mece 
solo cuando ese mudo 
cante 
treinta y tres años antes. 



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