Juan Beltrán

XVIII-III-XXI

Atoyac, Veracruz a 18 de marzo de 2021


Chivis, madre:
Recuerdo que un día cuando yo tenía 6 años, te escuche desde detrás de la cerca
de la casa de la abuela, Ana, decirle con voz melancólica que sentías miedo porque yo me quería morir. Días antes te lo había dicho, y era cierto, desde que fui capaz de discernir entre la vida y la muerte, deseé lo último, nací con el alma triste -si acaso la tenemos-.


Me siento muy cansado, más allá de mi pereza física; estoy cansado de lo cíclico y
monótono que se han vuelto mis días y junto con ello son cada vez más melancólicos, grises y fríos. Hace años que intenté hallar el sol, por ti y papá, fue entonces cuando conocí el vino y la poesía, pero ni uno ni otro me son ya suficientes. Todo me pesa, todo me duele; la piel, los huesos, los ojos, los cabellos, mis dientes. Madre, no es este el camino que elijo, es que no hay otro.


Cuando cumplí 15 años decidí que no podía vivir más de 27, posiblemente me gusto el numero por esa generación de poetas de la que me hablaron en secundaria, y creía que era tiempo suficiente para poder hacer algunas cosas de las que sé que te harían feliz, más el tiempo ¿a quién perdona?, la vida es efímera y es precisamente lo que ya no tolero. No voy a ningún lado, no espero nada, me
siento como un huevo sofrito en una sartén, sin sentido. Poco te hable sobre la percepción que tengo de la existencia porque no me gustaba que tus ojos creyeran ver a un loco al escucharme hablar, pero tú mejor que nadie sabe o al menos intuye cuanto sufro, mis noches en vigilia, y esas madrugadas en las que despierto con un grito hipocondríaco y fulminante. Es verdad, le temo a la muerte y me asusta el tener que aceptarla, pero siempre me he arrojado a lo inevitable, resolviendo y abatiendo mis miedos. Hace tres días que murió Raffaello -mi gato-, concibo que compartía mi tristeza, y de algún modo se quiso adelantar. Madre, no te culpes, ni a papá, tampoco culpes a la de los rulos que le fui indiferente, todos en algún momento damos ese salto, yo quiero elegir cuando y como, quiero lucir bien para la tierra y para las raíces que mecerán mis huesos.


…Quisiera haberte dicho más veces cuanto te quiero, al menos en el último par de años te lo dije más seguido. Agradezco me peinaras, los $10.00 para la escuela, y tu arroz -quemado-, la vida tiene cosas buenas como esas. Gracias por los lápices
de colores, por la máquina de escribir, y por ser tu quien estuviera a mi derecha aquella vez que desperté ebrio y golpeado en un parque. MAMÁ, TE AMO CON
TODA MI MUERTE.


Tu hijo, Beltrán,



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