Saturno.

Demonio

Las almas jadeantes tiñen de sangre el corazón del marqués,
esclavas, sucumben de horror y arrepentimiento ante la seducción inevitable.
Aquel, se regocija entre el odio y el deseo; hambriento de amor,
sacia su cuerpo con los lamentos de los amores fallidos, pero su agonía yace en el vacío, en aquel sitio donde no es y jamás podrá ser, donde no ama ni pertenece.
Se asfixia en la mentira de los hombres que profesan el amor como manía, le recuerda la infelicidad que le embriaga, y a su vez, le cautiva.
Ansía el amor de los reales, de los no vacíos.

Comentarios1

  • Lindemann

    Un poema muy triste y sincero, hizo que la espera de leerlo haya valido la pena.

    • Saturno.

      Gracias por siempre leerme, Lindemann.



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