Randy Mueses

No volverán.

Se quemaron nuestros labios, 
por los besos emanados.
Se rajaba mi alma al despedirte.
Se alegraban mis ojos rancios al verte,
temblaba el cauce de mi río.
¡Y esos tiempos no volverán!

Llene de dulces palabras tus oídos,
y tu cariño de su tumba emergió,
te contemple como reina y súbdita,
me robabas el alma al adentrarse la noche.
¡Y esos tiempos no volverán!

Germinaron miradas desveladas,
risas acarameladas de ternura.
Murieron las penas del ayer, y la soledad de siempre.
Se avivaron nuestros corazones.
¡Y esos tiempos no volverán!

Se desvivía mi ser por el nácar virginal de tus labios, por el cálido tacto de tus dedos.
Se esparcía tu perfume corporal en el aire, tus sentimientos frágiles en el umbral de mi barca, en el lado derecho de la cama.
 ¡Y esos tiempos no volverán!

Las hebras de tu pelo entrelazadas en mis dedos.
Era esclavo de tu ingenio de besos azucarados, de las dunas de tus ojos arenosos. 
Del llanto en tu pecho y de los olivos del cerro.
¡Y esos tiempos no volverán!

Nos abrazábamos fuerte como para jamás desprendernos, 
cerrábamos los ojos como para dormir eternamente.
Tomábamos nuestras manos como quien cierra una puerta y no quiere abrirla.
Pero el tiempo pasa y no aguarda, se quebró nuestro amor como tenue loza.
¡Y esos tiempos no volverán! 









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