Randy Mueses

El convento.

"Las inocentes".
Flores marchitas, doncellas profanadas, hijas de la castidad. 
Ramificadas de árboles secos, hundidas en confines.
Turbadas de acontecimientos bélicos, víctimas de expulsión de ira, y desesperación. 
Dejadas a la deriva, solas en el olvido. Como la fragua que se extingue en el aire, como la brasa mojada por sus lágrimas.

Destellos de luces abusados, apagando su inocencia, su dignidad, su dulzura de caña. 
Asaltaron su virginidad, pisotearon su integridad.
La candidez brotaba de sus almas jóvenes, la pulcritud saltaba de sus ojos finitos. 
¡Vaya! y nadie nunca las escucho detrás de la blanca nieve, del castigo infernal.

Los gritos anduvieron desnudos por los vacíos corredores. 
De aquel cielo se nublaron, como caídos, los rayos de sol.

Muñecas de porcelana, rotas, todavía andan extraviadas, sumergidas en el llanto, frágiles y vulnerables. 

Cuerpos de niñas, roja sangre. Eras la luna suplicando piedad, eras el mar lanzando gritos de auxilio. 
Se serena el húmedo sendero, disfrazado de pisadas.
Se fue el batel rosa de su soñar.
Sembraron una semilla de odio en sus vientres.
Germinó y se convirtió en el amor que sanaría las heridas del pasado.









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