Randy Mueses

Que así sea.

Que mi amor se diluya entre tu piel, que mis besos se ahoguen en tu boca.

Que mis dedos se pierdan en tu espalda mientras acaricio las auroras de la fragua. 

Que nuestros cuerpos sean navíos ajenos a la mar, que mis palabras salgan para ti, y solo para ti. 

Que mi alma se rompa al quererte, que me des tu amor como un rayo de sol, como gaviota bañada de sal. 

Que seas dueña de mis horas, y todo lo que acaece, que me dejes tocar y oler tu pelo. 
Que se quiebre el péndulo del reloj cuando estemos juntos.

Que tu corazón este en mis manos, respirando a deshoras y que nunca desista, ni antes ni después. 

Que nos embriaguemos de largos abrazos, y del crepúsculo sutil. Que te pueblen mis ecos y voces, mis lágrimas y razones.

Que nos hunda el amor en su profundo sueño, que nos suicide el deseo. Tus labios dulces, tu rostro claro. 

Que nos despierten las serenas mañanas, y nos traigan magnolias las praderas.

Que la cópula hambrienta de ternura se propague en tu cuerpo; como sangre en mis venas, que la llama ardiente y leve llegue a ti en estupor de escombros. 

Que tus cantos se escuchen, que las corrientes se rompan y tu ávida hermosura se ciña. 
Que tu sonrisa anude mi melancolía con cálidas corolas, como flor de canuto, como húmedas violetas africanas. 

Que mis caricias galopen en tu vientre, que se centellé el lucero cuando nuestro regazo de besos cobre vida, que se tiñan de blanco los vestidos, que el carmesí sea en tu pecho fuego silvestre. 

Que tus manos temblorosas reconstruyan mi corazón como un débil cristal. 

Cierra tus ojos vagos. 
Allí germina el amor.


!Ojalá!
Y que así sea.






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