PoesiaSinPoeta

Viene la noche

Las líneas se mueven
a lo largo y ancho de las páginas
sin tomar una forma aparente.
Me miro al espejo y todo
parece ir bien con mis ojos...

¡Que viene la noche;
que viene la noche!

El negro de las letras
se distorsiona.
Cambia de color y acompaña
plácidamente el vaivén loco
de las líneas.

¡Que viene la noche;
que viene la noche!

Intento cambiar las páginas
para ver si el fenómeno
se ha extendido por toda
la demás superficie.
Pesan demasiado.
Son como láminas de cemento
armado. Como si hubieran cogido
paredes, las hubieran pegado con
bisagras y les hubieran embutido
una portada llamativa y
un título sobresaliente.

¡Que viene la noche;
que viene la noche!

Me levanto de nuevo.
Voy al espejo y me exploro
los ojos, la boca y le hago
preguntas al cerebro a ver si
todavía sigue con vida o, por lo menos,
enterarme de si la está perdiendo.
No hay signos de nada.

¡Que viene la noche;
que viene la noche!

Noto un espesor en el aire.
Veo a las paredes con ganas
de cerrarse sobre mi.
La poca luz de la tarde
que entra se vuelve gris,
pero me ciega los ojos.
No estoy sincronizado con nada.
Ni cuerpo ni cerebro se responden.
Me tiro al piso. Me recibe
frío y con fuerza. Me abraza.
Me apresa...

¡Que viene la noche;
que viene la noche!

Quizás, fuera yo siendo
consciente del otro yo.
Del que no siento;
del que no veo después
de que todo se tiñe de negro.
Quizás, estaba siendo parte
del cambio de piel en el mismo
cuerpo, desde dentro de la escena.
Pinto feo... Sombrío y con olor
a un precipicio sin fondo.

¡La noche ha llegado;
la noche ha llegado!



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