cristina c

Reflexión

 

Hace mucho tiempo que soy creyente, y desde niña, siempre he creído en Dios, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, pero el día que decidí dejarlo todo por El, fue cuando entendí lo que significa ser una persona cristiana de corazón. A veces, necesitamos a personas, a situaciones, a cosas materiales para poder sentirnos seguros. Pero, al conocer a Jesucristo, y darnos cuenta que en El está toda nuestra vida y que El es nuestra esperanza plena, vivida en el presente, no en el futuro, es cuando empezamos a disfrutar de una alegría distinta.

Sentir la paz de Dios en medio de las profundas tormentas, sentir su Presencia cuando estamos solos, sentir Su amor cuando nos desprecian y rechazan por nuestra fe, es algo que queda sellado en lo profundo del alma. Se requiere de un sacrificio, y dejar todo lo que nos separa de El. A veces, Dios es rotundo en nuestras vidas y El con Su poder nos quita cosas, aleja a personas que amamos si nos dañan , nos levanta en medio de la noche para que le supliquemos ayuda en los momentos difíciles. Yo vivo esa fe, incomprendida a veces por muchos, aceptada por pocos, envidiada por algunos, que me ha enriquecido en todas las áreas  de mi vida.

Esa fe es la que me mueve a hablar de Su profundo amor con una experiencia propia y con el privilegio de conocer en parte el amor divino. No ha sido fácil, todo lo contrario, pero vale la pena estar a Su lado y en Sus caminos. Hubo un tiempo en que yo, a pesar de ser cristiana, me alejé de mi comunión con Dios. Creí encontrar gente que me apreciaba y sutilmente caí en la trampa del enemigo de mi alma. Pero, Dios me recogió, me perdonó y restauró por completo. Cuando miro atrás, doy más gracias a Dios, por todas las huellas que quedaron en mi vida, porque tuve que caminar por senderos extraños para conocer el alcance del amor de Dios, porque tuve que vivir la indiferencia de seres queridos, para comprender en su magnitud cuanto Dios me ama.

Todos los seres humanos nos equivocamos, no una vez, millones de veces, y le doy gracias a Dios por cada caída, por cada error, por cada mala palabra e incomprensiones, tanto mías como de los demás hacia mi. Aprendí, con la ayuda de Dios y con tu ayuda también, y ahora al leer estas palabras que salen desde el fondo de mi alma, me doy cuenta que todo lo que ha pasado en mi vida, ha sido con un propósito divino. Lee estas palabras, porque estoy agradecida de todas las personas que se han cruzado en mi camino. Algunas han dejado una marca profunda, otras, han quedado olvidadas en algún lugar de mi corazón, pero no hay día en que yo no ore por todos.

 

 

 

 

GRACIAS

Cúbreme bajo tus alas
allí me siento segura..
me regocija el calor
que me brindas,
ante la tormenta, sonrío
contigo estoy confiada.
Las lágrimas no cansan mis ojos
he encontrado reposo
al abrigo del Altísimo,
en sus brazos me carga
dejando huellas
de perfumados jardines.
Tu olor santo me envuelve
Tu aroma me enriquece,
y mi corazón se regocija
porque no hay nadie
que me quiera como Tú.
el alma duele de tanto amarte,
Gracias amado Dios por el dolor...

por el amor... por tu perdón...
y Salvación.

 

 



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