Macedonio IV

Yesenia

Hoy te vi

a lo lejos

al principio.

Te vi

a lo lejos;

no hice nada 

(eso creo).

Como premonición,

las manos me

sudaban, mi corazón

palpitaba, galopaba

embravecido:

corría por mis

arterias y todo

mi cuerpo

la excitación

velada del inexistente

y teórico

primer beso.

 

Aunque no vi tus

ojos

ni su profunda

negrura

me arrullaron

silenciosamente

con un ritmo

solemne y tosco.

Mis manos 

sudaban oprobiosamente,

mi corazón aún no

reparaba ni se detenía,

no dejaba de palpitar.

Mis manos sudaban

oprobiosamente,

mi lengua tuvo

la insensata

necesidad

de relamer, desesperada,

las grietas en las

comisuras

de mis labios

desprotegidos,

como todo yo.

 

Tal vez

este pasaje

no repercutra tu

conciencia ni

horade tus pensamientos

cerrados a la imagen

mía

tan escarnecidad

por hechos

olvidados,

dices tú,

suprimidos,

creo yo, 

pero tan frescos

y latentes como

la figura tuya,

aquesta que me hace

un nudo la garganta,

y, la caja de una guitarra

el pecho.

¡Te amo!



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