Randy Mueses

Trescientos sesenta y cinco días.

Sin ti.
El alba ya no trae su brillo,
mi corazón se dilata, mi vida se desgana.

El viento te llevo lejos, pero sigo viendo tus ojos claros
cuando cierro los míos, sigo sintiendo tus caricias cuando
ya creo no sentir.

Naufragando en un mar de penas, por tu ausencia.
Viendo los días pasar desde mi ventana, por tu ausencia.

Todo se corresponde allí. 
El quehacer diario me hace olvidarte, y
llegan largas noches que me hacen recordarte.
Tu lejanía que me hace odiarte,
tu voz tan pura que me hace amarte.

Resguardado en mi mente,
remojado en tus labios,
resecado en mis lágrimas,
rematado por tu falta.

Mi café de las tardes se enfría en mi palma,
mis libros nocturnos se leen a solas,
mis ideas vagas se pierden en cola. 

Me gusta hablarte, me duele despedirte,
me haces falta, se abren mis cicatrices
me enoja extrañarte pero mas esperarte.
Desconocer que no volverás en una
tarde cubierta de siglos, se atrinchera mi alma en vilo.


Entienda, se ha parado el reloj de arena durante doce meses… con ello colapso mi querer, y mis alegrías de a veces.

Ya no te espero, pero te necesito. 

Han sido no mas trescientos sesenta y cinco días,
conozco que puedo resistir más,
pero esto es similar como a salir
de un calabozo y entrar a un
campo de concentración. 

Esto amor mío.
Es una masacre a mi frágil corazón.



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