Elizabeth Maldonado Manzanero

Padre mío...

Padre he olvidado la sonrisa y el cariño

que guiaban mi vida con tu presencia

las oraciones que aprendí de tus mimos,

me reposan en lo profundo de un alma

ahora desterrada, no puedo limpiar mis llagas,

la pena ha consumido todas mis auroras,

muero de hambre, de sed y de frío 

que nada de lo que fui, soy o tengo

llenan en parte mis profundos abismos

y me cuestiono cada segundo que respiro

por qué tuve que nacer o porque sigo vivo

me miro las manos vacías, siento mi corazón

adormecido, roto, desprovisto, castigado 

fustigado cada noche por mi propio egoísmo

que ya no señalas mi camino, que la fé

que me alimentó cuando niño ha muerto

sin ataúd y sin acta de defunción

también para el cuerpo que habitó,

lamento haberme puesto a la deriva

cuando toda tenia aun, un poco de sentido,

Padre te digo, no entiendo, tu que eres luz

dame una pronta respuesta,

tú que eres amor entíbiame el sentimiento

que ya mi garganta no traga: ni más rabia,

ni más soledad, ni más demoramiento...

Comentarios1

  • Ingrid Zetterberg B.

    Lindo poema, Celis. A veces creemos que nuestra fe se ha dormido, que ya nuestras oraciones no son escuchadas por nuestro Padre celestial, pero eso no es verdad. La fe siempre vuelve a renacer cuando menos lo pensamos, y Dios siempre nos escucha por mucho que nos hayamos alejado. Volver a Él es la dicha, es la paz, y siempre será la esperanza en nuestras aflicciones. Un saludo cordial.



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