Joseponce1978

¿A cuantas estrellas tocamos?

Según dijo Carl Sagan, hay más estrellas en el universo que granos de arena en todas las playas de la tierra. Es posible, y ateniéndonos a los datos astronómicos disponibles, haciendo un cálculo aproximado de las estrellas que hay en nuestra galaxia y luego multiplicando la cifra resultante por el número de galaxias que pululan por el cosmos, la cantidad estimada de estrellas existentes en el universo es (puñado arriba, puñado abajo) de diez sixtillones; esto es un uno seguido de veintidós ceros.

Partiendo de esta base, calculando por encima que en nuestro planeta somos unos ocho mil millones de personas y eludiendo la posibilidad de que exista más vida inteligente en el universo, lo cual debemos poner en duda, he querido averiguar a cuantas estrellas tocaríamos por cabeza si hiciéramos un reparto equitativo. Para poder valerme de mi calculadora, que no me permite registrar más de 15 dígitos, he restado los 9 ceros del número de humanos a los veintidós de las estrellas, y el uno seguido de 13 ceros resultante lo he dividido entre ocho, llegando así a la conclusión de que cada uno tocamos a más de un billón de estrellas.

Con estos datos en la mano, además de otras variables, sería conveniente averiguar cuantas estrellas de cada tipo hay para ver si el número de enanas blancas o supernovas es múltiplo de ocho mil millones, y en caso de no ser así, intentar que todos tengamos un surtido lo más parejo posible, para que nadie se quede sin su gigante roja.

A priori, este reparto sería muy fácil de llevar a cabo, pero el problema que se nos plantea a continuación es si las estrellas se deben regalar así como así, o por el contrario es menester ganárnoslas, porque las estrellas se pondrían muy tristes sabiendo que no nos hemos esforzado por hacernos con ellas, y comenzarían a llorar y sus lágrimas ardientes terminarían abrasándonos. E incluso para nosotros mismos, a lo conseguido sin esforzarnos no solemos concederle valor . Por ello, y aunque cada cual tenga adjudicado su billón de estrellas, deberíamos establecer una tabla de méritos para su justo reparto, y en función de los merecimientos obtenidos, podrían concederse ciertos privilegios a la hora de elegir. A quien realmente luche por ellas y demuestre un interés real por alcanzarlas, se le podría dar la posibilidad de elegir las estrellas más cercanas. Quien se duerma en los laureles y no trabaje como es debido por sus estrellas, tendría que conformarse con las que no se ven ni con el telescopio. Estos últimos sabrían que sus estrellas están ahí pero si quisieran verlas, necesitarían hacer el esfuerzo que no hicieron anteriormente y recorrer un largo camino para acercarse a ellas. También habría a quien alguna de sus estrellas se le fundiese al quedar obsoleta, terminase convertida en un agujero negro que absorviese estrellas ajenas y dijera que las estrellas succionadas por su agujero negro le pertenecen. De ningún modo esto sería así. Las constelaciones succionadas por agujeros negros, pese a pasar a un plano dimensional nunca explorado, seguirían siendo de su propietario habitual.

Por mi parte, no quiero seguir demorándome en explicaciones estériles y ya me he puesto manos a la obra. Me pido Bitelchús.



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